Es el silencio

La falta de información a los ciudadanos y la escasa autocrítica parecen instaladas en el día a día municipal

07/01/2020 7:30 | SUSANA GUTIÉRREZ

Llevamos siete días siendo ya oficialmente Ciudad Europea del Vino. Una bonita campaña ha presidido las marquesinas de algunas de las más importantes paradas de metro en Madrid. Desde los vagones, al pasar por la estación de Ópera, Concha Espina… se vende a la ciudad como referente en el sector y como atractivo enoturístico. De alguna manera, al contemplar esas marquesinas, emana una especie de orgullo innato por el terruño. Aunque, a pie de calle, he observado, no hace falta nada más que mantener alguna conversación del día a día u ojear las redes sociales; que lo que debiera ser una buena noticia para Aranda, empieza a sonarle al ciudadano como una especie de pan y circo, convertido en un irónico ¡Viva el Vino! Algo similar pasa con esa especie de Red de Ciudades Inteligentes, a la que dicen en el Ayuntamiento que pertenecemos. Cuesta mucho entender a qué se dedican ese tipo colectivos, qué méritos hay que tener, más allá de pagar una cuota, y qué beneficios conlleva. Se detecta facilmente que la mayor parte de los arandinos tiene la impresión de que, con estos asuntos, se quiere vender un espejismo del que se despierta de golpe con la cruda realidad diaria.

¿Lo oyen? Es el silencio. Sí, voy a tomar esa frase, tan poco acertada en su día, para definir el estado municipal. El silencio con el que un día los conductores, vecinos, comerciantes de la calle Soria y ciudadanos en general, se encontraron con un pivote que prohibía el acceso por la calle San Francisco. Por el artículo 33 y sin avisar. Más allá de que pueda estar bien o mal, ser acertado o no, dónde quedaron las formas. Son los mismos conductores que tampoco pueden dirigirse ya a Santa Catalina a través de San Gregorio. A los mismos vecinos a los que se les informó que esa circunstancia se iba a hacer de prueba por trece días y, luego, desde el silencio, vieron que pasaban las semanas y aquello seguía para que se acostumbraran de cara al futuro. Un futuro lejano e incluso dudoso.  La redacción de proyecto de Los Jardines se iba a adjudicar antes de finales del año, pero, como estaba cantado, no se ha hecho, y habrá que volverlo a presupuestar. Resumiendo, va para largo. Es para que nos sigamos acostumbrando.

El mismo silencio con el que se presencia como la Navidad de Aranda se ha llevado la medalla de la peor Navidad de Castilla y León. Lejos de hacer cualquier tipo de análisis, mantienen el silencio, a la vez que por lo bajinis se autoconvencen de que no es así, que la programación ha sido positiva. No quieren asumir que las cosas  no están bien y hay que mejorarlas. Es el silencio para no hacer autocrítica, el mismo que hace que los proyectos y programaciones no evolucionen. Y otros silencios, los que callan tras el anuncio del comienzo de una investigación por una presunta prevaricación urbanística por el tema de la plaza de toros. Esa nueva política que ponía tantas líneas rojas y tantos decálogos de buenas intenciones. El papel lo aguanta todo.

Más silencios, que tienen que dejar de serlos. Esos silencios con los que se reparten a dedo 162.000 euros al año. Sin concurso público, sin criterios objetivos y sin seguir las líneas marcadas del tope de 15.000 euros globales para empresas en contratos menores (solo en algunos casos, claro). Hablo de lo que definen como Plan de Medios, con lo que se buscan líneas oficialistas y premiar a los “buenos”. Me pregunto que diría el Tribunal de Cuentas o un juzgado ante ese acuerdo de reparto que se toma en Junta de Gobierno Local.

Simplemente son solo unos pequeños ejemplos de silencios protagonistas o cómplices. Hay muchos otros, pero queda largo tiempo por delante.  Empieza un nuevo año de La Otra Crónica.