"En EEUU los primeros días hubo temor, de repente volaron cuatro noticias espeluznantes"

Entrevistamos al calígrafo arandino Ramón Abajo que reside en Nueva York para conocer cómo se está viviendo la pandemia al otro lado del charco

19/04/2020 8:08 | Begoña Cisneros

Ramón Abajo es un calígrafo arandino que dejó atrás su trabajo en la panadería de sus padres para estudiar en los Ángeles, iniciando así una nueva vida que le llevó a su gran pasión: la caligrafía. Cambió su lugar de residencia y lleva muchos años viviendo en Nueva York, concretamente en el distrito de Manhattan. Y aunque cada año regresa al pueblo que le vio nacer, no sabe si en 2020 podrá hacerlo porque el confinamiento por el COVID-19 nos ha pillado a todos desprevenidos. Las comunicaciones nos permiten hablar con él para conocer cómo se está viviendo en EEUU la pandemia, que está atacando sobremanera a esta nación.

-¿Cómo estáis viviendo la familia el confinamiento en Manhattan?

-Lo primero de todo, saludos a todos mis paisanos arandinos,  deseando que  nos veamos muy pronto en la calle Isilla, en la Plaza Mayor, o en el 7 de agosto, celebrando la buena vida, como antes. Gracias también por darme la oportunidad de compartir la experiencia de un “ex panadero” arandino en Nueva York.  Laura, mi mujer, granadina, nuestro hijo Eduardo de 12 añitos, y yo, estamos bien.  El coronavirus, a dios gracias,  no nos ha afectado a ninguno, y entre los allegados, solamente a dos profesores del colegio de Laura, muy al principio,  que ya están bien.

-¿Hay miedo en la gente?

-Bueno, cuando comenzó todo esto nadie se lo creía- me imagino que como en España-. Recuerdo que cuando ya llegaban noticias muy serias de Europa, aquí durante varios días la vida continuaba igual;  a nadie se le podía pasar por la cabeza que nos pudiera ocurrir lo mismo que en China o en Europa. ¡Yo no daba crédito! Sin embargo las cosas cambiaron de la noche a la mañana.  Y sí, los primeros días de confinamiento, lógicamente hubo temor. De repente volaron cuatro noticias espeluznantes: el enterramiento en fosas comunes, los trailers refrigerados aparcados a las puertas de los hospitales, la habilitación del Jatvitz Center (palacio de congresos) con 2.500 camas, y del buque USNS Comforts como hospitales de emergencia (en estos momentos ambos prácticamente desocupados).

-¿Es cierto lo de los enterramientos masivos?

-Quiero matizar un detalle informativo que ha corrido como la pólvora: los enterramientos en fosas comunes en parques públicos de Nueva York.  La cosa no es como pudiera parecer. No se trata de que la ciudad esté abriendo fosas en el  Central Park, o en cualquier otro lugar céntrico de Manhattan. Por el contrario: hay una isla de un kilómetro y medio en frente del Bronx, la Isla Hart (también llamada Isla del Terror), que tiene en su haber un pasado funesto  y un presente no menos halagüeño: allí hay un psiquiátrico, un reformatorio, una cárcel y un cementerio de la ciudad.  Desde hace 150 años se entierran aquí a finados sin familia, o que nadie reclama, desde los emigrantes europeos que morían en la travesía en barco a finales de siglo pasado, hasta  las víctimas de otra pandemia anterior de  tuberculosis o del Sida,  o en la actualidad a ciudadanos sin techo o  vagabundos. Al día de hoy todos los jueves del año se entierran a una media de 20 difuntos en este lugar. Ni que decir tiene que con la pandemia los casos han aumentado significativamente. Hasta hace muy poco tiempo los enterradores solían ser presos que cobraban un dólar al día. Ahora la gestión está en manos de una compañía privada. Entonces, las fosas comunes  se ubican en la Isla de Hart, no en los parques del corazón de Manhattan.

-Lo de los camiones en las calles con refrigeración es algo alarmante, ¿no?

-Otro detalle sórdido es el de los trailers refrigerados aparcados  en las calles aledañas a los hospitales. Esto es cierto. Es obvio  que están preparados para lo peor. Así es que volviendo a la pregunta inicial de si hubo pánico al principio, dicho así, de golpe, con lo que os acabo de contar, la situación no era precisamente como para tirar cohetes e irse a los toros. Sin embargo, el neoyorkino es rocoso, la ciudad es dura, curtida  en mil y una calamidades. Como bien dice  mi amigo Rumaldito: “Mire Don  Ramón, aquí en Nueva York siempre ha habido ‘mucha matazón’; así es que ahora no nos vamos a amilanar: primero la guerra, luego aguaceros, más tarde temblores (hoy mismo ha habido uno de 2.6 puntos), terrorismo y  hasta quemazón…. Y si ahora que se nos viene encima el pinche-pendejo del virus… ¡pues ni modo! ¡Habrá que hacerle la lucha!¿O es que acaso nos vamos a acobardar?”.

-Podéis salir a la calle a hacer deporte pero ¿qué no podéis hacer?

-El hecho de que podamos salir a la calle para comprar, pasear el animal, hacer deporte, los niños al parque, las personas mayores a los bancos a tomar el sol, los autónomos a su trabajo/oficina (siempre que no sea de atención al público), sin que nadie nos cuestione, con total libertad…, al estilo de los países del norte de Europa,  sin duda alguna, está ayudado mucho a sobrellevar la penitencia, y a disipar  la sensación de alarma. No olvidemos que en Manhattan las cosas están mucho más tranquilas que en el resto de los otros distritos como Queens,  El Bronx, etc. Aquí además la población ha disminuido ostensiblemente pues hay  muchísimos habitantes de la ciudad se han ido a sus casas residenciales a las afueras: Catskill,  los Hamptons, Woodstock, etc. También han cerrado cantidad de avenidas grandes al tráfico y las han convertido temporalmente peatonales, con lo cual no te chocas con el vecino ni aunque quieras.

-¿Cómo son vuestras salidas a la calle?

-Nosotros vivimos al lado del East River, cerca de Las Naciones Unidas, y Laura y yo salimos algunos días a correr (con mascarilla) pronto, por las mañanas. Al mediodía o por la tarde, sin embargo, los días que hace buen tiempo da cosa ver a tanta gente haciendo deporte a la vez. Así es que nos quedamos en casita. Lo que no podemos hacer es socializar. Está todo cerrado, excepto, como en España, los servicios de primera necesidad.

-¿Y el abastecimiento? ¿Hay problemas a la hora de comprar?

-Los primeros días hubo, como es lógico,  psicosis para abastecerse. Los productos más demandados, igual que en España, fueron los geles antisépticos, el papel higiénico, etc. Sin embargo no hubo carencia  con el resto de los artículos de primera necesidad.

-Has estado informado de lo que ocurría en España. ¿Pensaste en algún momento que la crisis sanitaria iba a cruzar el charco?

-Claro que estamos informados porque ahí tenemos a toda la familia, y porque a pesar de llevar más de 30 años en USA,  también llevamos nuestro país bonito, España, y nuestra patria chica, Granada y Aranda, en el corazón. Como bien dices, era difícil imaginar que el virus cruzara el charco… aunque no del todo. Puede servir la analogía China-Europa: ¿quién pudiera pensar en enero que la “bicha” iba pasar  de un sitio a otro con tanta facilidad? En EEUU,  sin embargo, era más que certero lo que se avecinaba pues  ya veíamos las barbas del vecino europeo muy mucho puestas a remojar.

-¿Cómo es vuestro día a día en estos momentos?

-Prácticamente llevamos el mismo horario de que costumbre. Nos levantamos pronto (6:30 am), y nos faltan horas. Estamos acostumbrados a la vida de aquí, donde las calles se abren muy pronto, pero practicamos con gusto el vicio español: dormir tarde. Laura enseña sus clases online desde casa. En su colegio de Las Naciones Unidas entrenaron a estudiantes y profesores dos semanas antes del confinamiento por  lo que se podía avecinar (el colegio da un ordenador portátil a cada estudiante al principio del curso. No existen libros de texto). Nuestro hijo anda liado con sus clases, y entre col y col se encierra en  su “Gabinete de Crisis”, es decir en su habitación para  jugar la “play” online con los amigos. También practica todos los días la guitarra,  sale a correr de vez en cuando al parque que hay debajo de casa, solo, al igual que sus amigos, protegido con máscara y guantes. Por la noche no hay quien le quite un libro de lectura en cama.

-¿Y tú?, me imagino que la caligrafía sigue en activo…

-Yo tengo la libertad de encerrarme, solo, muchos días en mi estudio de caligrafía, donde trabajo para sacar adelante un facsímil y un manuscrito original que tienen que ver con un documento importantísimo de la cultura mexicana. Tardo 10 minutos en bicicleta, sin prácticamente tráfico, y cuando voy lo hago adecuadamente pertrechado con casco,  gafas, mascarilla y guantes. Es un auténtico placer, pues los “bicicletistas” campamos a nuestras anchas, tenemos la ciudad a nuestros pies. En mi edificio hay varios autónomos, como yo, pero no nos vemos las caras. Algunos días, sin embargo, trabajo desde casa.

-Tiene que ser raro sentir el silencio en una ciudad tan ruidosa, ¿no?

-“El silencio es la retórica de los amantes”, que decía Calderón, y para una ciudad tan bien querida como Manhattan, un poquito de paz  viene muy bien.  Claro que se ha notado mucho la ausencia de ruido. Dicen mis colegas americanos que esto es una bendición, un regalo caído del cielo, una catarsis;  que era necesario, que nunca han experimentado tanta paz. La sensación generalizada, aquí en Manhattan, es de paz, y hasta casi de agradecimiento y optimismo (dejando de lado el gran drama de los enfermos, fallecidos,  y la terrible situación laboral.)

 

-El sistema sanitario en EEUU no es igual que en España, público, ¿opinas que debido a eso está habiendo tantas muertes? ¿Qué su sistema sanitario no está preparado para algo así?

-El sistema sanitario de EEUU es… muy difícil de digerir, sobre todo para nosotros, los europeos. Aquí no hay protección universal, y los seguros privados son muy caros. Se estima que el 20% de la población adulta no tiene seguro médico. No es necesario que haya una pandemia para colegir  que estas personas desfavorecidas tienen ya de por sí un grave problema de atención sanitaria en condiciones normales. Los hospitales públicos, sin embargo, están obligados a atender todas las emergencias, tengan o no seguro los pacientes.

Nueva York lo componen cinco distritos: Staten Island, Brooklyn, Queens, Manhattan y El Bronx. La pandemia ha pegado muy fuerte en Queens,  Staten Island y El Bronx (añade Harlem que forma parte del Norte de Manhattan), las comunidades más desfavorecidas. Tengo entendido que el 70% de los afectados son afroamericanos. Suma a ello lo sangrante que es saber que la población adulta sin seguro médico tiene serios problemas de diabetes y de presión arterial, como denuncia el famoso cardiólogo español Valentín Fuster, Director del Servicio de Cardiología del hospital Mount Sinai, y que las condiciones de habitabilidad y salubridad no son las más óptimas. Definitivamente todos estos factores son una bomba de relojería donde el coronavirus encuentra fácilmente su habitación. Una pena grande, una tragedia inmensa.

-¿El sistema sanitario español es bueno visto desde fuera?

-La salud universal es un problema de primer orden en este país. Aún así,  hay americanos que se resisten a que el gobierno “capitalice” tu gestión médica. Dicho todo esto, no será la primera vez que habremos escuchado que el sistema sanitario español (aún con sus deficiencias, donde las haya) es un auténtico lujo. No somos conscientes de ello.  Yo doy fe: No sabemos lo que tenemos, y lo conozco muy bien: el sistema sanitario español no tiene absolutamente nada que envidiar al americano.

- ¿También allí hay falta de material de protección? ¿Es fácil para vosotros conseguir mascarillas, guantes o geles de alcohol?

- Ha habido escasez de material de protección, tanto para la población como para los servicios sanitarios, pero no sé exactamente en qué medida. Concretamente en Manhattan, la primera semana hubo escasez de mascarillas y geles asépticos para la población. No sé bien cómo estaba la situación en los hospitales.

- Nos cuentas que sigues las noticias de Aranda. ¿Cómo estás viendo a tu gente?

- Sigo las noticias de Aranda y me da mucha alegría ver como multitud de  asociaciones y particulares han aportado su granito de arena donando tiempo, dinero, recursos o materiales para suplir deficiencias sanitarias. Es realmente emocionante observar, desde  la distancia, que hay tanta gente,  y tan maravillosa  en nuestra tierra (hágase extensible al resto de España).

- ¿En USA también hay donaciones?

-La cultura de la “donación” está profundísimamente arraigada en este país, extendiendo sus tentáculos benéficos a todas las capas de la sociedad: empezando por las universidades y centros de investigación del más alto ranking,  y terminado por asociaciones benéficas de lo más prosaico. La semana pasada, sin ir más lejos, Jack Dorsey, un “chaval” de poco más de 40 años,  cofundador de Twitter, donó un tercio de su fortuna, es decir,  casi mil millones de dólares, para financiar la lucha contra el Covid, así porque sí, ¡con un par!. No sé si le habrán hecho la ola o no,  pero desde luego aquí a nadie en su sano juicio se le pasa por la cabeza insultarle o tirarle piedras. Abramos los ojos -me dirijo, con todo el respeto,  a quienes afanosamente juzgan, critican y vilipendian a Amancio Ortega-: el sistema de donaciones no está reñido con la justicia fiscal, de igual manera que la riqueza no lo está con la honestidad. Sé que me caerá algún que otro ‘gurriazo’ por decir esto pero, amigos, estamos en Siglo XXI, no en el XIX, y el estado llega hasta donde llega. Aquí el lema es “devolver a la sociedad lo que la sociedad te ha dado” (si te lo pide el cuerpo). Y por cierto, que sepáis que si no fuera por el impulso de la iniciativa privada y así de cómo por este sistema fluido de  donaciones (amén de por el sacrificado esfuerzo de todos los trabajadores), ahora mismo estaríais leyendo esta entrevista en una tablilla de arcilla, o una loseta de piedra, en lugar de en un dispositivo digital, y que así mismo, la vacuna anti-corona bien pudiera esperar un par o de decenios, por lo menos.

- Con respecto a la educación, ¿cómo está funcionando en EEUU?

-Laura trabaja de profesora en el Colegio Internacional de Naciones Unidas. Es un colegio privado, con bastantes recursos. Ella sigue impartiendo sus clases en el mismo horario académico, pero online, desde casa. Como es lógico, ha tenido que acomodarse a la nueva situación, lo cual se ha traducido en un tiempo extra de planificación  (como me imagino que ocurre lo mismo con el resto de profesores de España). La educación en EEUU es muy distinta a la España, tanto a nivel primario, secundario como en la universidad. Quizás la diferencia mayor consista en que se usa menos el libro, se valora menos la memorización, y más  el hacer trabajos y proyectos. En cuanto a los profesores hay mucha más flexibilidad: puedes moverte de curso académico, de primaria a secundaria, u ocupar puestos de responsabilidad con mucha más facilidad.  Yo fui profesor de español en un instituto de Los Ángeles, en California, por más de 15 años. Otro día hablamos de esto. Por otro lado existe un gran abismo entre colegios públicos de zonas económicas solventes (donde los padres se involucran hasta la médula para conseguir fondos), y los de zonas deprimidas; de igual manera que lo hay entre públicos y privados.

-¿Qué quieres decirles a tus paisanos para finalizar?

-Me despido de mi pueblo y de mis paisanos deseando que muy pronto podamos retomar todos la normalidad. Un saludo muy grande  a Aranda, y de manera especial a la Peña del Chili, a las Cofradías de San José y de San Isidro, de las cuales soy miembro, y a mis buenos amigos. Como veis no se me quita la “marca de la boina” ni aunque lleve una vida en EEUU.