"Pensaba jubilarme a final de año con una gran fiesta, pero esto del coronavirus lo ha complicado"

Abel Tijero echa el cierre de La Cafeta después de cuatro décadas ofreciendo buena música y un ambiente único

10/05/2020 8:04 | Begoña Cisneros

La crisis del COVID-19 empieza a pasar factura a los pequeños autónomos que luchan cada día por mantener un negocio y que se han visto sacudidos fuertemente por la situación que vivimos. Tras más de cuatro décadas abierto, se cierran las puertas del local La Cafeta de la calle Hospicio y su dueño, Abel Tijero Iglesias, finaliza un ciclo de su vida para iniciar otro, el de la jubilación. Con él hablamos hoy.

-41 años casi con La Cafeta, ¿cómo fueron los comienzos?

-Yo trabajaba en su día en Michelin, desde los 16 años y allí estuve nueve años de cartero por las oficinas. Trabajando allí nos juntamos tres amigos –Manolo, Chapela y yo- y decidimos montar el negocio. Durante un tiempo lo compaginé con el trabajo, pero al final a mí no me cuadraba seguir así, y a la empresa tampoco.  Hubo algunas diferencias y un despido, pero es algo de lo que no me arrepiento para nada porque me ha permitido llevar otro tipo de vida.

-¿Te quedaste solo al frente del local, entonces?

-Estuvimos juntos aquí dos años, pero al final continué yo. Chapela es camionero y Manolo decidió continuar en Michelin y ya está jubilado. Somos buenos amigos y han seguido viniendo por aquí todos estos años.

-Me imagino que habrá pasado por aquí mucha gente…

-Muchísima, y varias generaciones. La gente del principio ha seguido viniendo aunque menos a menudo porque se casaron, tuvieron hijos… Y luego han venido los hijos. Yo me quedaba sorprendido cuando llegaba algún chaval joven y me decía que era el hijo de fulanito. Me ha dado mucha alegría porque siempre me ha gustado que viniera gente joven a la que le guste el tipo de música que se ha puesto en el bar.

-La música sin duda es uno de los referentes de La Cafeta donde el rock y los temas de los años 70 y 80 no han faltado…

- Desde luego. Siempre ha habido gente que decía que le gustaba venir porque era el único bar que ponía este tipo de música, o buscando una canción concreta. Cuando entramos los tres aquí con unos pelos medio hippies los bares eran bastante normales. Comenzamos solo con un plato, un amplificador y unos cuantos discos y a la gente joven le llamó mucho la atención. Acudían estudiantes que venían de Salamanca, Valladolid o Burgos. No se encontraba ningún bar en Aranda con este tipo de ambiente.

-¿Cuántos discos te llevas a casa?

-Me he llevado de momento los españoles y son unos 600, pero hay más de un millar extranjeros. Eso solo en CD,  porque antaño los teníamos en vinilo que aún conservo. Hay muchos interesados y me pregunta qué voy a hacer con ellos, pero de momento los quiero conservar.

- ¿Qué es lo que te llevas de La Cafeta?

-Me llevo muchos recuerdos de toda la gente que ha pasado por aquí, ojalá hubiéramos tenido una cámara y lo hubiéramos ido grabando todo. El cariño de todos que ahora me demuestran cuando veo la cantidad de mensajes que me mandan, no veo ninguno que me ponga a parir por lo que estoy contento (ríe). No sé si lo habré hecho bien o mal pero veo que me aprecian. También llevo en el recuerdo épocas duras con crisis incluidas, y gente que se ha ido que me ha dado mucha pena.

-Pero tu intención no era cerrar ahora…

-No, pensaba jubilarme al final de año con una gran fiesta, pero con esto del coronavirus la cosa se ha complicado y lo tengo que adelantar unos meses. He tomado esa decisión porque te vienen los gastos, ves que no vas a aguantar mucho más y según vienen las cosas ahora no sabemos cuándo vamos a poder abrir y ni cómo, si con un 30%, con un 50 %. Con eso no haces caja ni para pagar los gastos.

- ¿Y a partir de ahora?

- Pues engrasar la bici y  pedalear. Tengo muchas rutas y viajes que quiero hacer, hacer el camino de Santiago que nunca lo he hecho, conocer algunas partes de España…  Y si nos ponen los viajes del Imserso baratitos pues nos apuntaremos a todo lo que haya ...

-¿Baratitos?

-Sí, porque han calculado que me van a quedar entre 700 y 800 euros después de llevar 48 años cotizados, pero es lo que hay. Lo bueno es que no tengo hipotecas ni gastos muy fuertes de nada así que creo que podré subsistir.

-Pero hasta diciembre no cumples los años para cobrar la jubilación y quedan ocho meses…

- Hay cuatro cosas que voy vendiendo para ayudarme un poco a pasar estos meses en lo que viene la jubilación. Pediré alguna ayuda, pero si puedo tirar con lo que vaya teniendo pues tiraré. Yo sé que hay gente más necesitada, soy solidario, y si yo tengo para comer pues que se lo den a otros que no tengan.

-¿Hay alguien que te haya pedido algún recuerdo para llevarse?

-Muchos. Tenía las paredes con un montón de recortes de grupos de música, con entradas de conciertos y casi todo el que viene se lleva algo. La bola que tenía en el techo ya está colocada en un merendero y sigue funcionando. Hay muchísimos recuerdos y yo los regalo. Claro que hay cosas que estoy vendiendo como una cafetera muy bonita o la registradora, alguna máquina, algunos altavoces...

-Sé que el futbolín ha dado mucho juego…

-Sí, lo del futbolín eso ha sido tremendo. Ha sido tanta la gente que lo quería que al final no sabía ya qué hacer y he tenido que decir: “mira, el que más pague que se lo lleva”. Ya tiene dueño. No pensé que habría tanta demanda, porque me imagino que habrá futbolines por ahí, pero bueno.