Encuentros en la primera fase

En una época de pocas certezas hay que guiarse por el ritmo de la desescalada

19/05/2020 7:30 | SUSANA GUTIÉRREZ

Las incógnitas se nos acumulan. Tenemos un baile de fases que nos forma un batiburrillo en la cabeza. Queremos respuestas sobre lo que antes parecía el corto plazo, que sigue estando ahora a la vuelta de la esquina, pero se vislumbra en la lejanía. No hay certezas, no se puede garantizar que se vayan a celebrar las fiestas patronales, o que el público vaya a llenar las competiciones deportivas locales, ni cómo van a ser los conciertos y festivales, cuándo volverán las ferias, o si en 2021 vamos a poder ejercer en condiciones nuestro papel de Ciudad Europea del Vino, en el año de gracia

Hay que vivir más que nunca el día a día, por causa de fuerza mayor, no nos queda otra. Todo está limitado a etapas, que han decidido llamar fases y que tenemos que asumir para avanzar. Ayer abrieron las administraciones de lotería, hoy comenzará a funcionar la ITV, ya podemos comprar en tiendas sin cita previa, ir a la peluquería... La biblioteca ya puede abrir a un 30 %, aunque, de momento no lo ha hecho.

Desde el Ayuntamiento tampoco dan muchos más detalles de la vuelta a la nueva normalidad o cómo se llame. Sí se palpa, o por lo menos así me llega de manera bastante generalizada, un cierto malestar respecto a aquellos que se considera que van a salir indemnes de toda esta crisis, que tanto está costando a casi todos los sectores. Desde el Consistorio mantienen que seguirán una cuadrante de fases, y que se retornará cuando se cuente con los elementos de protección suficientes. Da la impresión de que no corre prisa, mientras hay una sensación global en la calle de la necesidad de ponerse a funcionar, en todos los sentidos. El Consistorio mantiene que no se podrá acceder a dependencias municipales sin mascarilla, y que se está trabajando en un protocolo de acceso.

A pesar de que se habla por activa y por pasiva de las fases, de sus causas y consecuencias, el cambio de criterios, las variaciones de zonas, y en algunos casos las pocas ganas de entenderlo para con la picaresca intentar sacar un beneficio, nos hace vivir en una duda continua. Aunque recordemos una máxima, el desconocimiento no exime de cumplimiento.

El lunes, estoy convencida de que pasaremos a la primera fase, y más allá de la posibilidad de abrir a un 50 % las terrazas de bares y restaurantes y las reuniones de hasta diez personas cumpliendo las distancias de seguridad, hay otros aspectos que se tendrán que tomar en cuenta. Se podrán abrir los hoteles clausurando las zonas comunes, se permitirán congresos y eventos de menos de 30 personas y se podrán hacer actividades de turismo activo y de naturaleza con menos de diez personas y con cita previa. Llegará el día del mercadillo y su 25%, la apertura de algunas instalaciones deportivas y que se pueda viajar por la provincia. Cosas curiosas, se podrá ir a 190 kilómetros hasta Espinosa de los Monteros, pero no a 20 kilómetros a Montejo de la Vega que está en Segovia o a Langa que está en Soria. Cosas de provincia.

Mientras tanto, observamos una vez más el poco peso de Castilla y León. No porque se haya quedado en fase cero, en la mayor parte de su territorio, por decisión propia. Una decisión de políticos que son médicos, que choca frontalmente con lo que piden otros compañeros de partido en otro punto de España.  Voy más allá, se habla de que en la fase cero se encuentran la comunidad de Madrid, el área urbana de Barcelona y las ciudades importantes de Castilla y León (cuando no Castilla León, que retumba y como se dice en las redes, muere un gatito). Pues miren, no, en la región hay pueblos, muchos, algunos de incluso 30 habitantes, que están también en la fase cero. En muchos casos por la honda expansiva llegada desde la urbe. Esos pueblos que se convertirán en lugar donde peregrinar en verano. Mientras tanto, miremos al lunes y esperemos a los encuentros en la primera fase.