
Verano 2020. Ese estío atípico. El de la pandemia mundial. El de las mascarillas. La distancia social. La crisis. Y para muchos, el de siempre, el de las excusas. La situación sanitaria ha dado alas para echarle la culpa de todos los desmanes. Si hay algo que no se ha hecho, es debido a la situación. Si un proyecto se retrasa, culpa de la alerta. Si no se hace absolutamente nada, es que la covid ha colapsado el sistema. ¿Os suena? Todos los días así. Es una lucha constante por rascar una actualidad municipal que no existe. Ya lo dije una vez, es el silencio. El silencio sobre los arandabonos, el silencio sobre las medidas para dinamizar la vida diaria, el silencio sobre las obras de la comisaria de Policía Local, el silencio que esconde la nada más absoluta.
Más allá de esa reflexión y de esa actualidad en la que tanto nos cuesta indagar, es necesario hacer algunas reflexiones de esa vida municipal. En el aire hay un asunto que genera mucha inquietud porque se está escondiendo a los ciudadanos, de una manera que no se llega a entender, porque es una realidad de la cual se necesitan explicaciones. Serias y contundentes. Hace unas semanas, vía decreto e incluso antes de pasar por comisión informativa, se decidió suspender de empleo durante seis meses, requisando además la placa y pistola, a un agente de Policía Local de Aranda. Ante eso, el silencio. El Ayuntamiento lo oculta, rehúye de dar información cuando se trata de un problema que afecta a la seguridad de los ciudadanos y donde debiera haber transparencia, siempre guardando un escrupuloso decoro y supongo que la presunción de inocencia. Sin embargo, el vacío. Es más, el tema incluso puede llegar a ser más grave, ya que se valora ampliar las medidas a otro agente. No se dan argumentos, y eso genera desconfianza. El asunto es delicado y se debe actuar con tacto, pero se ha de informar hasta donde se pueda. Más cuando esto supone una merma a una plantilla ya con muchas carencias. Otra incógnita es conocer como ha sido el proceso administrativo y si la cosa ha seguido todos los cauces, porque luego llega los juzgados con la rebaja, que ya nos lo sabemos. Eso de la importancia de las formas.
Y más allá de este asunto y sin nada que ver con él, uno de los culebrones del verano, llega un año más, pero en versión diferente, aunque siempre a favor de empresa. No puede faltar un mes de julio sin el tema toros, y este año empieza la manipulación en sentido contrario, pero para los mismos intereses. Los del Río, no los cantantes; sino los propietarios, ganaderos y constructores. A pesar de que en el confinamiento en unas declaraciones a un periodista taurino se vinieron arriba, diciendo que había toros este año sí o sí; ahora han hecho cuentas y no les salen. A recular.
El coso taurino esta registrado como instalación cubierta, según marca la nueva normalidad, se pueden celebrar espectáculos para un máximo de 500 personas, la Junta lo permite sin problema. Así, las distancias están garantizadas. Pues bien, la empresa reúne a las peñas para conseguir su apoyo para proponer al Ayuntamiento que no haya feria taurina. Busca respaldo porque el contrato marca la obligatoriedad de celebrar los festejos taurinos en el mes de septiembre. Las peñas se muestran de acuerdo, pero ahí también surge un problema. Hotel Aranda, martes 30 de junio, convocadas por WhatsApp las ocho peñas, llegan dos miembros de una de ellas, Tierra Aranda, que son expulsados ante el mutismo absoluto del resto. En la reunión los representantes, dos por peña, apoyan al empresario en su propuesta, (parece que sin pasar antes por el voto de los socios). Así lo traslada el propio Victoriano del Río al Ayuntamiento.
En cualquier caso, en estos momentos tan difíciles, el dueño del coso debería pensar en su público fiel, que ya se va a quedar sin fiestas, y ahora les quiere dejar sin toros. Ay, la pandemia…