Bienvenido Señor Juez

La Junta sigue empecinada en un confinamiento surrealista que ha generado unas consecuencias económicas irreparables

18/08/2020 7:16 | SUSANA GUTIÉRREZ

Desde el pasado 6 de agosto, los ribereños estamos desamparados. Solo un juez ha venido a darnos nuestro lugar y, aunque realmente no ha podido frenar del todo los acontecimientos, sí que ha puesto los puntos sobre las íes y ha sacado los colores a la Administración. La Junta, según los autos, ni tan siquiera ha sido capaz de hacer bien los deberes para justificar una decisión de estas características. El magistrado, es el hombre de moda en Aranda. Hay movimientos incluso para homenajearle y, desde luego, ha hecho que se confíe un poco más en la justicia.

Pensábamos que no podía haber nada peor que el mando único, pero aquello ahora nos parece la panacea después de sufrir lo que venimos padeciendo desde que alguien decidiera que con Aranda iban a hacer un experimento. Me repito respecto a lo dicho, si el asunto es tan grave, que yo no soy epidemiologa, medidas claras y soluciones económicas. Confinamiento total y cierre de empresas. El resto, lo que han hecho aquí, un paripé…

Cada vez que habla alguien de la Junta de las medidas de contención tomadas en Aranda para paliar el repunte de la covid-19, aquí nos entra la risa, o mejor dicho el llanto de rabia, por la situación en la que nos encontramos. Están solo a 90 kilómetros de distancia, desde un butacón, tomando decisiones, pero no tienen ni la más mínima idea de lo que pasa por el sur de la provincia de Burgos.

Señores. Están vendiendo humo. Aquí no hay controles suficientes, no hay ni los medios más mínimos para hacer un aislamiento y no hay medidas reales. Aquí lo que hay es un acto de fe de un grupo de ciudadanos responsables que, por cierto, se están cansando. Tiene que ser un verdadero golpe de mala suerte, vamos que se conjuren todos los astros en contra de uno, para encontrar un control de entrada o salida. Y en ese caso, se puede incluso tirar de excusa o picaresca.

La gente se va de vacaciones, de fin de semana... Los valientes que quieren entrar, entran. Incluso con autocaravana que estacionan en el parking específico y pasan veladas y tertulias. (El otro día contaron hasta once). Los arandinos salen a la casa del pueblo, los trabajadores entran y salen de Aranda a su puesto de trabajo en un viaje justificado, pero no se encuentran un control. Los únicos que paran aquí los vehículos son los semáforos, me decía alguien que entra y sale a diario. 

Necesitamos explicaciones, datos objetivos, medios suficientes y no amenazas a un juez que les canta las verdades. Si, por no haber, no hay medios policiales ni para garantizar el aislamiento de los rebeldes que no cumplen el aislamiento tras una prueba PCR, ni tampoco esos nueve rastreadores que se presuponen en los datos regionales.

Es muy triste que tenga que venir un juez a decirle a la Administración lo que es una comarca, que los pueblos no tienen tiendas, ni alimentos de primera necesidad y que es un acto justificado que esos vecinos puedan ir a comprarlos a Aranda, pese a las medidas de aislamiento. Aludiendo claramente a lo que pasó en el estado de alarma. Creo que cosas como esa, que parecen tan sencillas de entender, demuestran la distancia que hay entre los políticos y los ciudadanos. Y que el medio rural queda muy bien en los programas electorales, pero en realidad no importa lo más mínimo. En otro tirón de orejas, el juez también tuvo que plantarse, cuando siete días después, recibió prácticamente un corta y pega de la evolución epidemiológica de Aranda en el informe de petición de prórroga. Cual maestro de escuela, tuvo que llamar a capítulo al alumno a una recuperación porque ese examen no había llegado al aprobado.

Ahora, la Junta pretende alargar dos o tres días, ya no sabemos porque hemos perdido la cuenta, esta situación de aislamiento. Algo que resulta difícil de explicar, después de las decisiones tomadas a nivel nacional respecto al cierre del ocio nocturno, las prohibiciones a fumadores o la limitación del número de personas en reuniones. Parecen suficientes. Piden prórroga sin oír las demandas del tejido hosteleros, sin poner medidas para que esto se asemeje a una decisión seria, sin aclararnos cuáles son los datos reales… Y lo más triste de todo y que empieza a preocupar y mucho, por el perfil de ingresos. Sin haber sabido poner los medios necesarios en las residencias para que los más vulnerables, nuestros mayores, no tengan que volver a sufrir el mismo infierno que en los meses de marzo y abril.

Y a todo esto, el Ayuntamiento se revuelve, un poco, pero tarde. Y una pregunta ronda las cabezas, ¿Habrá tirado la Junta de los mismos colores políticos para encontrar menos trabas? ¿Se hubiera atrevido con Soria?