"La novela se trabaja, el poema te seduce y siempre es tuyo porque estás implícito en cada verso"

Entrevistamos a Xoel Prado-Antúnez, que acaba de sacar su tercera novela ‘El sofá de Claire'

10/01/2021 7:36 | Begoña Cisneros

‘El sofá de Claire’, (publicada por la editorial Adarve, Madrid, 2020) es el último trabajo literario que llega de la mano del escritor Xoel Prado-Antúnez. Tras la publicación de su séptimo poemario ‘La vida en sus rodajes’ en 2017, ve la luz una nueva novela, la tercera, y sobre ella y otras cosas hemos querido hablar con el autor este domingo.

-“Que ¿cómo empezó la pandemia?” es la frase con la que empiezas ‘El sofá de Claire’. ¿Es un libro escrito durante este tiempo?

- No. La novela se comenzó a gestar hacia 1998, fecha lejana, y se finalizó en su estructura casi final en 2017. La editorial la aceptó en 2018, y se firmó el contrato en diciembre de 2019, contando, además, con una ayuda a la edición de la Fundación Caja Burgos. Lo que sucedió es que la actual pandemia paralizó la edición de la novela durante algunos meses, y me permitió reescribir algunos fragmentos a la luz de ésta. De todas maneras, toda nuestra vida es una pandemia. El progreso no es más que un desarrollo continuo de la catástrofe, decía Benjamín, y, por tanto, la vida no es más que vivir en la catástrofe. Quizá al final de los tiempos, como deseaba el espíritu ilustrado, hallamos la solución a la catástrofe o a la que la provoca, y retornemos al paraíso originario.

-¿Y la primera frase entonces?

-La frase que subrayas no es más que el título del primer capítulo, donde se origina y finaliza al tiempo, el tiempo impuro de la novela. La pandemia es simplemente la realidad que nos toca vivir desde la infancia hasta el final de nuestros días, a la vejez, y se va recorriendo ese despliegue pandémico en los distintos capítulos de la novela: del origen de todo, a la culpabilidad, a la imposibilidad de la heroicidad en uno mismo y por los demás, el repaso de la vida no es la solución ni pensar en la muerte, así que sólo pretendemos vivir a secas y sacas llenas pero que no nos atrape ni la culpa, la angustia o la locura.

Y visto lo vivido hasta hoy, preferimos caer en este triunvirato desastroso a vivir sin más, implicados con el puro azar en el que hemos caído por mera probabilidad sin argumentos. Es muy triste ver como todos pretendemos aferrar lo material como lo necesario y somos capaces de asesinar por ello, desde apretar un gatillo a desprestigiar a los demás, por sentir el poder. Y el poder y su ejercicio es el mal.

Y de tal guirlache va “El sofá de Claire”, de una nueva maldad que consiste en ejercer el poder en contra de los demás, en este tiempo de pandemia. Ese tiempo de pandemia donde siempre cometemos el mismo error en el que se desenvuelve la vida humana, utilizar a los demás como si fueran nuestros adoradores; tratar de evitar el error, es precipitarse por la desgracia ajena y propia. La ineluctable modalidad de lo vivible, tal y como nos desvela la vivencia del propio sistema. Este sistema que, incluso, nos obliga a esa ineluctabilidad, empero. El sistema siempre falla.

La novela se mueve en el terreno de la aventura en una serie de viajes que surgen por azarosa necesidad: Aranda, Zedillo, Benavente, Lugo, Bilbao, Barakaldo, Portomarín, Granada, en vez en el confinamiento estricto, porque los confinamientos agravan ese triunvirato en el que vivimos: la culpa, la angustia, la locura, el suicidio.

-¿Quién es Claire y qué hace en su sofá?

- Incluso a Claire le gustaría saber quién es Claire. Claire incluso puede que sea el lector de la novela, el que se acerca con ojo de buen husmeador a la historia. Lo que si te puedo certificar es que el sofá de Claire no es un lugar convencional y en el que puedas encontrar cosas convencionales.

El sofá de Claire es un laberinto imperfecto, del que no se puede salir. Un lugar que te puede conducir por una “road-novel”, que se desarrolla en los “atrincados” caminos de las novedosas autovías españolas, y que nos conducen a los intrincados senderos de la mente laberíntica de un condenado a muerte muy sincero en lo que olvida.

O por los derroteros de una novela de ciencia ficción que reproduce el primer día del fin del mundo, en la desolada España, en la despoblada España que se suicida en las cabeceras de comarca, en las capitales de segunda categoría y hasta de tercera ante el fin del mundo que se deja ver contra la línea de un horizonte evanescente. A fin de cuentas, el suicidio de esta España rural no es más que una historia de ciencia-ficción del fin del mundo.

O que nos introduce en una novela río, de aguas melodramáticas, que se va desgajando ante la vista del husmeador, o de Claire, como las capas de una cebolla. Un melodrama de folletín del siglo XIX, con sus guardias civiles y todo. La novela es una novela de confesión de parte y de arte de una serie de crímenes inconfesables, que se van descubriendo como en una sucesión de esas muñecas del este, que una da paso a la otra y ésta a una siguiente, y así́, hasta que nunca alcanzamos el final. “El sofá́ de Claire”, en definitiva, se presenta como una novela dentro de una novela, en un marasmo confesional con carácter de terapia psicoanalítica.

-Haznos un pequeño resumen del libro…

-Como sinopsis podríamos decir que se trata de una novela sobre un personaje principiante, condenado a muerte, pero al que se le conmuta la pena por otra de prisión permanente no revisable y con el añadido de tener que pasar por una terapia psicoanalítica. En esa terapia se halla, y le llega el fin del mundo.

Vivimos el primer día del mismo, en un viaje de poca lipsis, a través de la España más celebérrima. Un viaje por los extrarradios de los desconocidos apellidos del protagonista, que no es si no, la manera en que se pretende recuperar la paternidad perdida tras un divorcio escandaloso. En ese viaje le acompaña su hijo o hija o hijos durante todo el trayecto, hasta llegar a evidenciar que se puede llegar cerca de todas las ciudades, pero no se puede llegar al centro de ellas, ya que la carretera se deshace en su verdad. El protagonista sabe que su destino siempre es el mismo, hacerse odiable ante quien ama. Sólo queda la huida, como solución final y alternativa a la ausencia de identidad.

O quizá sólo queda que Claire se acerque a la novela y satisfaga su curiosidad de husmeo permanente y descubra el placer en una buena novela.

-Si tuvieras que publicitar tu novela en pocas líneas ¿qué dirías?

-Las cosas no se inician donde comienzan sino donde finalizan. Si esto es así, el comienzo del siglo XXI lo marca el final de la pandemia, que, por designios del azar, coincide con la publicación de “El sofá de Claire”. Así que no estaría de más convenceros de que “El sofá de Claire” es la novela del siglo XXI, y su lectura resulta irremediable. La novela ineluctable.

-Tres novelas frente a siete poemarios. ¿Con qué género te sientes más cómodo y cómo te decides por uno u otro?

-La novela se trabaja, el poema te seduce. La novela sólo es el marco que le colocas a la historia, una historia más o menos alargada, como la sombra de un ciprés, o contenida en la sencillez de la mesilla de noche, como una señora en un fondo gris. El poema, por el contrario, es una cápsula donde acaudalas la vida, la mismísima vida en toda su turbulencia, en toda su catástrofe.  La novela, la final, nunca te pertenece, queda expuesta con su cuadro perfecto, imperfecto, bello o siniestro. El poema siempre es tuyo, porque estás implícito en cada verso.

-¿Y cuál de los dos prefieres?

-Queda claro que prefiero siempre la poesía, pero porque la detento como un lugar alquímico para tergiversar el mundo, rementirlo. Lo que conduce inexorablemente a la novela. En realidad, al final lo que nos ampara es la Literatura, la manera de componer y recomponer la realidad, y a uno mismo, la manera de crear ese monstruo que es la catástrofe que nos desenvuelve, para que nos proporcione el menor camino posible a la culpa, la angustia y la locura.

-La filosofía y la psicología, temas que controlas sobremanera, están patentes en tu obra. ¿Crees que lo que escribes ayuda de alguna manera al lector a comprender el mundo y a sí mismo, o te ayuda más a ti a hacerlo?

- No creo en la autoayuda ni en la ayuda siquiera. No creo que haya que hacer comprender nada a nadie ni ayudarme a mí mismo a nada. Abomino de todos esos libros de frases que iluminan al iluminado y al perdido. Como si todos estuviéramos perdidos salvo unos pocos expertos en caminar por la vida. Escribo porque no puedo evitar no hacerlo. A veces evito escribir, por mor de si fuese sólo una enfermedad transitoria que se pasara con no ejercerla; pero es imposible. Enseguida mi conciencia se dispone a escribir los versos más esplendidos y la frase más pulcra; y lo peor, es que nunca estoy allí cuando eso ocurre, recuerde que lo estoy evitando.

-Sufrimiento, placer… ¿Qué es lo que experimentas a la hora de escribir?

-Ninguna de las dos cosas, pardiez. En todo caso el desahogo de quien se orina con emergencia y puede despacharse a gusto en cualquier esquina. Como el de aquel que precisa amar a alguien y lo consigue, aunque sólo se patentice en unas sonrisas y alguna caricia azarosa. O como quien camina errando por el mundo y al fin, sobre un barranco, alcanza al eco y éste le escucha hablar de cosas raras sin que nunca exista incomodidad.

-Muchos de tus pensamientos los lanzas en las redes sociales, en las que eres muy activo. ¿Cómo las valoras?

-Las redes sociales son el precipicio donde el eco nos escucha sin incomodarse. El lugar donde sentir el placer del desahogo. No importa que al otro lado no escuche nadie y mejor sentir que no existe nadie que escuche. Es la esquina donde orinar, y conseguir ese placer de desahogo. Que no es exactamente placer, sino un exorcismo lúdico para alcanzar la poesía. O las sonrisas que giran entre letras esculturales y que provocan la síntesis irónica de las confesiones de la infancia, que, por cierto, es el final de la novela, y su reinicio.

-Me quedo con uno de tus tuits: “’Paz, amor y muerte natural”. ¿Son tus deseos para el mundo?

-No, ni mucho menos. Es sólo un aforismo, que es la manera en la que me suelo expresar con prontitud filosófica. Los hippies expresaron su actitud vital con el lema paz, amor y nacimiento natural, porque no deseaban nada artificial en el desarrollo de su vida. No precisaban de nada médico que garantizase el alargamiento de la vida. Recordad que la medicina no salva vidas, las alarga, y, a veces, con mucho sufrimiento, como las UCI con personas de ochenta años o que padecen enfermedades terminales. Así que, como no acepto la eutanasia, decidí que lo mejor era que se permitiese a cada cual morir como lo deseara, sobre todo, sin alargamientos innecesarios de la vida, con artificialidades. En la paz y en el amor de quien quiera acompañarte en tal trance, que no es sino uno más de la vida. Es más, hoy en día lo de muerte lo sustituiría por fallecimiento, porque la muerte no existe. Somos energía (20 voltios tiene nuestra conciencia) y esta vuelve a su lugar, el unidiverso. El cuerpo, fallece, a secas.

-¿Crees que esta pandemia nos ha cambiado en la forma de ver el mundo o una vez superada todo seguirá igual?

-Las pandemias no cambian la manera de ver el mundo y cuando finalice, el 20 de abril de este año, nada seguirá igual. La pandemia es uno de los muchos hechos catastróficos de nuestro progreso como especie, es parte y arte del progreso humano. Cuando finalice, nos lanzaremos a vivir como si nunca hubiera existido porque hemos de tropezar con la próxima catástrofe. En realidad, vivimos en la misma, el olvido de la naturaleza, de nuestra parte natural. Vivimos como si sólo fuésemos parte de una sociedad compleja, y creemos que podemos ser lo que queramos, y es falso. Podemos ser sólo lo que nuestra naturaleza nos permite, y no podemos ampliar sus límites sin destruirla.

Sería agradable si de esta catástrofe saliésemos encaminándonos hacia la naturaleza y a su potenciación. Servir a la naturaleza, como cualquier otro ser vivo.

- ¿Cuál es tu personaje literario favorito?

- Mi personaje literario favorito no tiene duda, el capitán Ahab, siempre luchando con la culpa, la angustia y la locura, personificadas en la ballena Blanca, en Moby Dyck, pero que, desgraciadamente, le conduce a la culpa, a la angustia y a la locura. El personaje principal de El sofá de Claire es un trasunto del mismísimo capitán Ahab, pero que no quiere acabar con la culpa ni la angustia ni la locura, quiere asumirlas en su identidad para integrarlas y entenderlas. El objetivo no es destruir al monstruo/dragón y ser un San Jorge cualquiera, sino ser el monstruo e integrarlo en nuestro ser.

-¿Y tu personaje real?

-Hay tantos personajes reales que me gustaría vestir en mis carnes. Interpretarlos. Pero si me pides que elija a alguien de carne y hueso, actual, que no haya fallecido, y que represente ese triunfo ante la culpa, la angustia y la locura, y que sea naturaleza en ebullición, permíteme un nombre, Ana Milán, la espontaneidad de la naturaleza encarnada.

- ¿Dónde pasarías unas horas con los dos?

-Desde luego, en El sofá de Claire, como lugar de inicio y final del este viaje vital que hemos descrito, que se inicia en Aranda, y va derivando por Zedillo, Benavente, Lugo, Bilbao, Barakaldo, Castro, Granada, para integrarnos en la espontaneidad de la naturaleza, frente a la hipocresía social.