Mercadillos de promesas

Se abre la posibilidad de un segunda cita ambulante en Santa Catalina con una vertiente un tanto utópica

09/02/2021 7:16 | SUSANA GUTIÉRREZ

Dicen que la fatiga pandemia nos está contagiando a todos. Quizás también la fatiga presupuestaria, la provocada por la covid en la mayor parte de nuestros bolsillos. Agotamiento también en aquellos sectores y personas que esperan ayudas o medidas para revitalizar la vida económica de la ciudad. Pendientes de unos presupuestos que se están haciendo esperar, de una situación de restricciones que no termina y una Ciudad Europea del Vino que, como sigamos así, nos la van adjudicar de forma perpetua.

De momento, parece que los que ya han recibo una inyección de moral, son los vendedores ambulantes. Tras varias negativas a un segundo mercadillo semanal, ahora ha llegado un sorprendente sí. El Ayuntamiento dice que está trabajando en ello y que será un mercadillo muy bonito y estético, donde se pongan unos tolditos blancos en los puestos y en el que podamos ir a comprar quesos y flores como si estuviéramos en la Provenza. Estoy segura de que quien defiende está idea, piensa que ese concepto tan francés, puede convertirse en realidad. Los que somos pragmáticos vemos un segundo mercadillo, los domingos en el barrio de Santa Catalina, en la Avenida de Burgos frente al Centro Cívico, con las mimas características que el del sábado en la Plaza de la Hispanidad.

Ahora, se transmite que el mercadillo actual ya está casi al corriente de pago de tasas e impuestos, que una vez que termina la cita acaba todo limpio y nadie aparca encima de las aceras y puertas de garajes... Los vecinos de la zona defienden totalmente lo contrario.  Si el segundo mercadillo va a ser una realidad o es un simple caramelo para contentar a un sector de momento, pronto lo veremos.

Y hablando de sectores. El invierno en terraza y en horario europeo ha dejado patente algo que ha ido posponiendo siempre, nunca ha sido el momento. En estos momentos, es cuando cobra importancia tener unos veladores adaptados a las necesidades que vivimos. En cualquier ciudad, incluso en sitios más pequeños que Aranda, presumen de terrazas cubiertas, que dan una inyección de optimismo, un respiro, para pasar las restricciones. Tanto a los propietarios de la hostelería, como a los clientes.

Desde hace años, el Ayuntamiento se ha negado reiteradamente a modificar la normativa y se ha reafirmado en prohibir los anclajes y los cerramientos. Una forma de dar la espalda a la vida moderna, que ha hecho que, al llegar la pandemia, el sector esté mucho menos preparado para hacer frente a la crisis. Ahora, tarde, se pretende modificar la ordenanza, pero también lentamente y en el peor momento que tienen los empresarios de hostelería para hacer inversiones.

Las terrazas invernales se apuran hasta el último momento, más desde la polémica del adelanto del toque de queda a las ocho de la tarde, pendiente de la decisión del Supremo. El vicepresidente de la Junta aludía a este hecho el otro día en Twitter refiriéndose a personas que estaban a las 19:50 en una terraza en Valladolid, diciendo que “las UCIs de Burgos todavía tenían algunas camas para ellos”. Alude al HUBU ya que es el que menor incide de ocupación ha tenido en las últimas semanas y ha asumido pacientes de otras provincias. Sinceramente no creo que sean unas palabras a la altura de un cargo público. Habría que recordar que todavía es legal estar en una terraza, en grupos de un máximo de seis, y utilizando la mascarilla, antes de las ocho de la tarde. No nos pongamos a criminalizar a todo el mundo, y menos por algo que a fecha de hoy está permitido. Quizás, si las personas se lo toman con calma, es consecuencia del espectáculo político que estamos observando. Lo del toque de queda, por ejemplo.