El baile de las sillas

La fatiga de un año de pandemia se adereza ahora con una crisis política de tintes vergonzosos

16/03/2021 7:10 | SUSANA GUTIÉRREZ

Muchos defienden la teoría de que los ciudadanos tenemos lo que nos merecemos en referencia a quienes nos representan en el ámbito político y dirigen los rumbos de las administraciones que nos gobiernan. Me niego, ni lo acepto, ni lo asumo. Nunca he compartido, ni comparto, esa especie de aceptación de nuestro destino, porque es lo que hemos votado. Tuvimos que ser muy malos en otra vida (ironía modo ON) para tener que soportar el bochorno en el que estamos inmersos en todos los niveles políticos, desde el más alto al más bajo.

Ahora que se cumple un año de la llegada de la pandemia. Cuando estos 365 días han tenido consecuencias, en mayor o menor medida, para todos. Algunos han perdido a seres queridos, o han estado enfermos, o están en el paro o en un ERTE, o han tenido sus negocios cerrados durante meses… Y si no es en primera persona en daño colateral, pero la realidad es que la gente, en general, estamos viviendo un momento complicado. Lejos de intentar poner soluciones, quienes nos gobiernan empiezan a jugar a una especie de Tetris de Juego de Tronos, mientras el país, la comunidad, la comarca y la ciudad, se desploman a la vez que ellos solo miran a su poltrona.

¿Tenemos que sufrir los daños colaterales de Murcia? ¿De Madrid? ¿De verdad? Y si es así, si en Murcia los que han roto la disciplina de Ciudadanos y han ‘regalado’ su voto al PP para que siga en el gobierno, no son tránsfugas… ¿Se abre la veda para que en Castilla y León también se pueda hacer y lo tengamos que normalizar? Después de todo esto, los dos concejales No Adscritos de Aranda, ahora: ¿Son tránsfugas o no? Y, es más, para qué se firma un pacto antitransfuguismo, se amplía, se borda, se lacra… y luego a la mínima se lo pasan por el Arco del Triunfo.

No sé si en Castilla y León tiene que haber o no moción de censura, pero la realidad es que tenemos un Gobierno que debiera haber asumido su responsabilidad. Se saltó la legalidad, y así lo dijo el Tribunal Supremo, para durante casi cinco semanas “secuestrarnos” en casa a las ocho de la tarde. Lejos de pedir disculpas a todos aquellos que se han visto afectados de alguna manera, se saca pecho y dicen que surtió el efecto preciso. La excusa para no cumplir lo marcado, la lucha contra la pandemia. La tercera ola se consiguió doblegar, pero en el resto de las comunidades también, en algunas con mucha más rapidez, y con medidas que se ajustaban a lo que marcaba el real decreto. Es solo un ejemplo, pero habría muchos más de una forma autoritaria y restrictiva que no da esos resultados de los que presumen.

Sobre la interrogante de si el tsunami entre Ciudadanos y el PP puede tener o no sus consecuencias en el Ayuntamiento de Aranda. La verdad, no lo parece. Ambos afirman que siguen “trabajando normalmente” (si es que alguna vez lo han hecho, es que hay frases que rechinan). No se perciben fisuras. En realidad, se denotan más fricciones en el interior del PP, donde si se escarba un poco se ve perfectamente que están lejos de pasar un buen momento.  Alguno enredando enfurruñado por no conseguir su objetivo, otro harto porque afirma que le empaquetan todos los marrones... A lo que vamos, la matemática es caprichosa en el Consistorio arandino y no parece que se sume por ningún lado, tras la ruptura del PSOE y lo fragmentado que está el hemiciclo. Y lo fundamental, que Ciudadanos no está por la labor.

No sé si esa especie de seguridad les da la parsimonia suficiente para que estemos a mediados de marzo y no se haya presentado el borrador de presupuestos. Iba a ser en enero, luego en febrero, en marzo la aprobación tampoco va a ser… ¿Están preocupados? Claramente, no.