La Intrahistoria

Nos despistan con Costa Rica, para desviar la atención de lo importante

04/05/2021 7:16 | SUSANA GUTIÉRREZ

Llevo casi una semana pensando en nuestros estrechos lazos con Costa Rica, todos esos infinitos puntos coincidentes que tenemos y tantos retos en común. Es el país con el que vamos a firmar un acuerdo de colaboración, que ni tan siquiera nos han sabido explicar en qué va a consistir, porque probablemente no tenga una argumentación que vaya a convencer a alguien. Es más, yo me atrevería a pensar, que allá por el año 2017, alguien hizo amistad con una embajadora y como lo pasaron chachiguay, pues desde entonces no ha faltado en el listado de personalidades que acompañan actos como Fiduero o la Capitalidad Europea del Vino. Nos dicen que la ciudad de Naranjo, que produce café, se ha fijado en nosotros, que como mucho lo consumimos, y vamos a intercambiar experiencias de vida y esperanza y quizás alguna aventura en tirolina, deporte de ocio que triunfa en nuestro nuevo país amigo. Supongo que intercambios de estudiantes no, porque me da que el idioma, de momento, lo tenemos dominado.

Para las experiencias de vida y de éxito, según las jornadas en común que abrirán el cuasihermanamiento, el Ayuntamiento ha tenido que tirar de otros (municipales, claro, no encontraban). La Ruta del Vino, el festival Sonorama, una bodega histórica con perfil enoturístico… Nótese el tono de ironía a la hora de abordar este tema, en el que nos entretienen para intentar justificar que se hace algo. Pero como bien dice Mafalda, que lo urgente (o por lo menos para ellos) no te impida ver lo importante. Que no nos engañen con pan y circo.

Y aquí vamos a lo importante… Según se dice o se comenta, en los presupuestos puede que no se haya dicho la última palabra y todavía hay tiempo para encontrarnos con algunas sorpresas. Mañana termina el plazo de presentación de enmiendas y se esperan algunas, según me confirman. Se aventuran incluso estrategias que pueden tambalear la estabilidad en el seno del bipartito. Esa de la que presumen, cual matrimonio bien avenido posando en una exclusiva, pero que no es tan real cuando se apagan los focos.

En la intrahistoria, todavía alguno alberga esperanzas de poder sacarse un sueldo de las arcas municipales, y con la ayuda de su clá, no da por perdida esa nómina por la cual tanto suspira. Una parte de comparsa a la que se podría premiar y por eso parece que las enmiendas también incluyen el volver a recobrar el reparto del pastel económico de los medios de comunicación, que desde hace casi dos años está en manos de Ciudadanos. Por otro lado, se vislumbra que los tránsfugas tampoco se resignan a su papel secundario, y es que pervivir en la vida política se convierte, para algunos, en un modus vivendi.

Y mientras se entretienen entre estrategias de despiste y tretas, la vida sigue. Pero es más fácil mirar hacia otro lado publicamente (privadamente se actúa de otra manera, ya habrá tiempo de contarlo), o intentar llamar a la policía, frente a medio centenar de trabajadores interinos que sienten “miedo”, “engaño”, “vapuleo”, “precariedad” (no son los únicos). O frente a la desprotección de los ciudadanos que denuncian los bomberos. O frente a las ayudas. O frente a los Arandabonos. O frente a las críticas. O frente a ese eterno listado de cosas pendientes... Pero, tranquilos… Siempre nos quedará Costa Rica.