Pocas luces, también Navidad

La nefasta ornamentación es algo que viene de lejos, aunque ahora se escuden en incumplimientos

14/12/2021 7:08 | SUSANA GUTIÉRREZ

La escasez de luces no es nueva. La nefasta ornamentación festiva, tampoco. Aunque ahora se ha encontrado excusa hacia dónde desviar la culpa. Durante los últimos años, en la campaña navideña, una de las críticas más recurrentes de la ciudadanía ha sido la de la iluminación. Escasa, obsoleta, sin ajustar a los nuevos tiempos, hortera... Calificativos objetivos que incluso nos llegaron a colocar, en 2019, en el titular de un medio de comunicación regional que se preguntaba: “¿Es la de Aranda la peor Navidad de Castilla y León?. Por aquel entonces, hace dos años, escribía una crónica titulada Más Luces. ¿Se repite la historia?

En esos años pasados, la carencia de luces compartía ese protagonismo negativo con la ausencia de la pista de patinaje sobre hielo en la plaza Mayor. Una vez solventada esa situación para este año (que ya iba siendo hora), las luces centran el debate. Parecen contratadas por el mismísimo “Grinch”, con el objetivo de anular cualquier sentido navideño e incluso tirar por tierra las ganas de dinamizar la economía que éstas suelen generar.

Más allá de que la empresa haya cumplido o no, el problema no es cosa solo de este año, ni siquiera de la Navidad. La iluminación depende de la inversión y la apuesta que se quiera hacer, las cantidades económicas marcan las calidades. No puede ser que se vaya a lo más barato y se pretenda tener lo mejor. O que se saquen los pliegos de tal manera, que la empresa que incumple en septiembre en las fiestas patronales, se lleva también el contrato de Navidad y todos tan panchos. Hemos vivido años en los que no se ha incumplido y hemos estado en el último puesto de la tabla. Hay localidades mucho mas pequeñas, y situadas bien cerca, que nos dejan en muy mal lugar. Supongo que en Aranda, lo querrán compensar con la iluminación vinícola roja del Duero, que va camino de dejarnos sin palabras. Se fijaran ahí todas las luces.

Y dando un giro radical a la temática, ahora, también por Navidad, la vida política, nos deja algunas novedades. Actualidad que venía cantada. Vox ha terminado de materializar la estrategia de alejamiento marcada cuando el partido descartó la posibilidad de asumir responsabilidades de gobierno y acabó expulsando de la formación a Vicente Holgueras. Ahora, el concejal que queda en el partido verde dice que se va de la Junta de Gobierno Local, que esa política que hace el Partido Popular no es la forma de hacer política de Vox. Para no ser su manera de hacer política, durante dos años y medio, han secundado fielmente los acuerdos de gobierno, y apoyado también presupuestos, remantentes y asuntos relacionados con el PGOU.

Esa forma gobernar de la que han sido participes y complices, ha pasado a ser la  "de prespuestos calcados año tras año, remanentes e inversiones que no llegan, proyectos faraónicos inacabados o que no pueden ususarse, fiestas y programas continuistas que hacen a la ciudad cada vez menos atractiva". En la definición estoy bastante de acuerdo, pero la pregunta es: ¿De eso se han dado cuenta, así, un día, de repente?

La realidad es que lo que hace Vox en estos momentos, es algo que está en el manual básico de política. Faltan 17 meses para las elecciones municipales y luchan por una parcela de votos similares a los del Partido Popular. Es hora de hacer campaña, y que se desgaste el que gobierna con sus deméritos (que de eso saben). Mientras tanto, el Partido Popular escenifica la renovación en la Ribera del Duero, dando la presidencia a alguien que lleva un década siendo alcaldesa de Aranda y más de veinte años en política activa. Ese es el nuevo concepto de renovación. Eso sí, en ese y en casi todos los partidos.