Daniela Donnini, el traje a medida de la imagen de marca

La diseñadora lleva su propio estudio y habla de su historia para abrirse paso en un sector competitivo tras siete años en Aranda de Duero

20/12/2021 9:09 | Manuel Rodríguez

Llegar a una ciudad, hacerse autónoma después de haber sido trabajadora, conciliar la vida laboral con la familiar, encontrar un hueco en un mercado competitivo y de difícil acceso y conseguir que, con trabajo y constancia, todo salga adelante. Parece una historia irreal, dura, pero con final feliz. Más bien, sin final, porque el camino continúa.

Esta es la historia de Daniela Donnini, una mujer a la que no le gusta definirse como una emprendedora como tal, pero que ha sido valiente para seguir trabajando en lo que más le gusta y poder conciliarlo con su vida familiar. Desde Asturias partió a Aranda de Duero por amor dejando su trabajo, pero con un gran reto por delante. Así pues, hace siete años dio el paso de convertirse en autónoma y montar su propia empresa de diseño y de comunicación de marca. Un paso importante tras haber sido siempre trabajadora. Sin embargo, ¿en qué consiste el trabajo de Daniela?

Cuando alguien compra una botella de vino, no solo se fija en la calidad del producto que se encuentra en el interior de la botella. También es importante el etiquetado y el packaging para que el caché y el nivel del vino sea acorde a su ‘envoltorio’. Es probable que, si tiene una botella en sus manos, la etiqueta sea obra de Daniela Donnini.

El estudio de esta diseñadora está especializado en diseño de packaging. Es decir, todo lo relacionado con el envoltorio, embalaje y aspecto externo del producto. Daniela trabaja, sobre todo, el etiquetado del vino dado que la enología es el sector por excelencia de la zona de la Ribera. No solo el vino se aprovecha del talento y el trabajo de la diseñadora, cualquier particular y empresa lo puede hacer, tal y como lo demuestra su web.

La comunicación visual, el diseño gráfico y el packaging, como decíamos, son el sello del estudio de Daniela. Para ella, su trabajo es como el de un sastre. No se trata de una tienda en la que el cliente compra el producto que se ve. La diseñadora hace el vestido a medida, pieza a pieza. Es decir, ella habla y se adapta a la necesidad del cliente. Un trabajo conjunto para que ese traje metafórico del que se habla encaje perfectamenteen lo que una empresa o cliente busca.

 

 

Tras un largo recorrido, Donnini se ha hecho un nombre en su sector a pesar de la dificultad que esto le supuso en un principio. El esfuerzo y la constancia han merecido la pena para ella. Trabaja sola, no tiene empleados y es capaz de nutrir con calidad a sus clientes. También ha sobrepasado la pandemia, aunque en este caso de manera curiosa: cuando todo se paró, ella continuó con una cantidad importante de trabajo a sus espaldas. La ventaja de poder trabajar desde cualquier parte jugaba a su favor para hacerlo desde casa. Sin embargo, cuando el país se reabría, su trabajo sufrió un pequeño parón. Esto ella lo achaca al miedo o la incertidumbre de las empresas. Ahora, tras dos años de pandemia, todo vuelve a fluir como siempre y con la alegría de haber abierto un estudio presencial el pasado febrero con más objetivos en el horizonte.

Este estudio es un espacio abierto y participativo, donde todo el mundo puede acudir para experimentar el arte digital, la decoración y el escaparatismo que Daniela realiza aquí. En este caso, la innovación está innata en su persona y por eso quiso compartirlo. Como ella misma expresa, la creatividad no tiene fin.

Para llegar a este punto ha pasado por muchas fases, entre ellas la ayuda de la fundación Michelin, fundamental para arrancar su camino como empresaria. La guía y la ayuda económica siempre son positivas para aquellos que quieren emprender en la zona de la Ribera.

En este parkour emprendedor tan difícil, Daniela tiene la satisfacción de mirar hacia atrás y ver que, a pesar de que ser emprendedora es complicado si te encuentras sola, el trabajo ha tenido su recompensa. Nadie le quitará la satisfacción de tomarse un vino en un restaurante y encontrarse con que la etiqueta de ese Ribera la ha diseñado ella. Eso, no se paga con nada.