El Interés

El 13 de febrero tendremos que ir a votar en unas elecciones regionales

21/12/2021 7:02 | SUSANA GUTIÉRREZ

Que la política no tiene nada que ver con la defensa de los intereses generales y sí de los personales, lo tenemos presente desde hace mucho (no creo que quede mucho romántico a estas alturas). Ahora, la puesta en escena del adelanto de las elecciones en la Junta de Castilla y León, vía Twitter, ha venido a confirmarlo y a refrescarnos la memoria. Estaba cantado que tendríamos que ir a votar como tarde en marzo, con el argumento de que a partir de esa fecha se podía presentar una nueva moción de censura que pusiera en riesgo la Presidencia y el poder. Excusa estilo Ayuso. Aunque, en el adelanto electoral existe otra realidad más profunda basada en una tempestad judicial que puede tocar la imagen del partido en la región y generar algunos daños colaterales. A eso se suma, el apremio de Génova para ir ganando poder territorial con el que presionar por ese ansiado deseo de un adelanto de las Generales que están previstas para 2023.

En definitiva, la decisión de que el 13 de febrero vayamos a vernos las caras con las urnas se hace por los intereses personales y partidistas. Los castellanos y leoneses importamos poco o más bien nada. Da lo mismo que el barco se quede a la deriva en un momento delicado de la pandemia, o que se demuestre lo poco que vale la palabra de quien públicamente negaba y renegaba un adelanto electoral, a pocas hora de firmar la disolución de las cortes y fulminar a los consejeros de Ciudadanos.

Al partido naranja nunca se le pronosticó un final mejor en el ejecutivo. Apostaron hasta su última carta a todo aquello que repudiaron en la campaña electoral de 2019, perpetuando a aquellos a los que pretendían desbancar. Luego, llegó su debacle nacional. Hace medio año, se mantuvieron fieles en lo que denominaron “un matrimonio sin amor”, y dieron la espalda a la moción de censura. Eso sí, perdieron algún miembro por el camino que ha hecho que se tambalee la estabilidad regional y dé argumentos a esas pretensiones personales.

Ahora, tras esta ‘puñalada’ queda por observar si en Ciudadanos se va a morir matando o se optará por desaparecer sin pena ni gloria. Hay dos vertientes, la que quiere dar guerra o la que está haciendo lo indecible por buscar un hueco en el PP. Difícil porque los puestos son los que son.Uno de los sitios donde ese matrimonio sin amor se mantiene unido es en el Ayuntamiento de Aranda. También en la Diputación Provincial de Burgos. De momento, todos callados, y pronto veremos a cuál de las vertientes pertenecen.

Otro de los aspectos a los que habrá que atender en las próximas semanas es la lucha interna que se abre en el propio PP para entrar en las listas regionales y la incógnita de si el cambio en la presidencia comarcal, que desde hace unos días ostenta ya la alcaldesa de Aranda, generará también una variación en la apuesta arandina. En las últimas listas, el candidato ribereño era Máximo López, que luego entró a formar parte del ejecutivo como director General. ¿Repetirá?

De momento, lo que está claro es que Mañueco no cumplirá la promesa electoral del 15 de mayo de 2019 cuando anunció que el hospital sería una realidad en esta legislatura, no se vislumbra ni de lejos la entrada de las máquinas. A pesar de ello, seguro que a partir del 28 de enero, en campaña, regresará de visita y volverá a prometer los mismo. Y llegará, además,  con el enésimo compromiso para la circunvalación o del apoyo al mundo rural en general y a su Sanidad en particular, esa que prácticamente han desmantelado (aunque de eso culpará a ciudadanos). En cualquier caso, las encuestan avalan su victoria, por eso convoca.