Los parches

3,2 millones de euros para arreglar una piscina tocada de muerte

08/03/2022 7:10 | SUSANA GUTIÉRREZ

No ganamos para sustos. O más bien, tenemos una gestión que nos lleva de susto en susto. El último, las novedades respecto a las obras de la piscina municipal cubierta. Ya no son los 650.000 euros que nos anunciaron y que recomendaban los técnicos, ahora son 3,2 millones de euros, según una empresa a la que hemos pagado 40.000 euros para que nos diga qué parche poner esta vez. Sí, lo que leen, cinco veces más. No queda muy claro que contraría más, ese dispendio económico o que quienes nos gobiernan están dispuestos a gastarse esa cantidad de nuestros impuestos.

Mientras tanto, las instalaciones van para casi diez meses cerradas y nada se ha movido en su interior. En cualquier caso, la duda que planea en la ciudadanía es si merece o no la pena inyectar esa desorbitada cantidad económica en una piscina que nació tocada de muerte, que lleva tres décadas de parches, que se ha quedado pequeña y que por mucho que se haga nunca será una instalación ideal. Si sacáramos calculadora y nos pusiéramos a sumar lo que realmente ha costado esa piscina, probablemente sea una de las más caras del planeta y también una de las peores. Quizás, una opción más acertada sería apostar por la construcción de una nueva en otro punto de la ciudad que se ajustara a los tiempos que corren. Puede que incluso se podría hacer una obra más modesta en la actual para tirando hasta que se pueda estrenar.

Pues bien, los que mandan quieren tirar adelante con esos 3,2 millones de euros. En teoría se escudan en que hay mucha demanda de uso de la piscina cubierta (entonces porqué la cerraron sin obras), y que es más rápido arreglarla que el hacer una nueva. Parece que el proyecto marca que las obras de reforma se podrían realizar en diez meses, mientras que en el otro caso hay que redactar un proyecto, sacar el pliego, licitar la obra, etc… Si nos ponemos a pensar mal, a lo mejor la celeridad puede venir porque en mayo de 2023 (poco más de un año) hay una cita con las urnas en las municiples y lo ven más positivo en plano electoralista. Piensa mal y…

Y voy a cambiar de tercio, sin moverme de la página municipal. Estos días dejará el Ayuntamiento el concejal de Cultura, Emilio Berzosa, para asumir su escaño de procurador en la cortes de Castilla y León. Da la impresión de que se ha querido despedir con una especie de lavada de imagen después de la paupérrima (por decirlo eufemísticamente) situación en la que queda la Cultura en Aranda. El todavía edil ha presentado su versión particular de la programación escénica del primer semestre del año, que no es aquella que siempre hemos conocido de las puestas en escena de primera línea nacional que abarrotaban el auditorio del Centro Cultural cada semana. Una programación del primer semestre, por cierto, que comenzará el 13 de mayo, osea cuando han pasado casi cinco meses del año, curioso concepto del calendario el que tiene el futuro procurador. Son actividades en la calle que se desarrollarán en los meses de mayo y junio. Actividades culturales, que serán bienvenidas, pero que en ningún caso se corresponden a una programación escénica (por mucho que piense él que con repetirlo se convierte en verdad). Se trata de un ciclo de folk los viernes del mes de mayo en la plaza del Trigo y un festival de circo en diversas ubicaciones al aire libre en junio. También ha adelantado actividades de cara al verano en una actitud que se antoja poco solidaria con su sucesora. De alguna manera, la ningunea, para decir claramente que lo que viene hasta octubre es cosa suya. La empatía brilla por su ausencia.