Comienzos

Terminadas las fiestas llega un nuevo curso, y un otoño 'calentito'

20/09/2022 7:10 | DR

Dicen que esta es una semana de comienzos y de reseteos. También dicen que ahora es cuando realmente comienza el otoño, diciendo adiós al estío y empezando a temer lo que nos viene. Es hora de comenzar un curso, pero antes hay que cerrar el último fleco del anterior. Las fiestas patronales. La sensación en la calle es que han sido regulares tirando a bastante malas. Y, no, señores políticos, no ha sido por los toros. Es hora de sentarse y plantear cambios, o acabaran por ‘matar’ cualquier aliento de espíritu festivo que pueda quedarle a alguien. Habrán sido las fiestas con mayor éxodo, donde una vez más la innovación y los cambios no han tenido cabida y se sigue en la línea del corta-pega que se lleva ejecutando desde el siglo pasado.

Una de dos. O se empieza a tomar las fiestas como una inversión y no como un gasto, quitando los complejos e inyectando la cantidad económica para hacer una programación a la altura o, por el contrario, se mantiene el presupuesto actual y se hace un recorte de días (otra de las tesis que se llevan planteando desde hace años y nadie se atreve a poner seriamente sobre la mesa). Si no hay una reinvención, nos daremos de nuevo de bruces, una vez más, con la mediocridad.

Desde las luces (no vale ya la excusa de los incumplimientos de anteriores años) con esas terribles barricas, algunas fundidas, presidiendo la Calle Isilla, la principal vía. No se dan cuenta de la bofetada estética que supone observarlos. En algunas zonas, no se llegaron ni a encender (sí, también se puede tirar de metáfora). En los conciertos, una vez más, se acudió a esa manía de apostar por la cantidad, en lugar de la calidad. Algo que termina provocando que nadie quede satisfecho. Mejor menos y de más tirón, que una oferta que deja frío a cualquiera. La magia de calle, más de lo mismo, al bulto, para que ocupe espacio y poco más. Y de ahí, se puede extrapolar a los fuegos, la feria de la música… En la otra cara de la moneda, si hay algo que hace que se salve la fiesta es la gente. Y es importante señalar la demostración que se ha hecho de que la Bajada de las Peñas es una tradición que va mucho más allá de la feria taurina, de los toros, del propietario de la plaza, del Ayuntamiento, de los pro y anti taurinos… Se ha constatado que esa tradición está por encima, un dato que creo que es justo resaltar.

Y hablando de la plaza de toros, se barrunta guerra. La alcaldesa de Aranda y Victoriano del Río parecen haber ido de la mano durante los últimos once años, pero sospecho que eso puede cambiar de forma radical y mucho me temo incluso se vean las caras en el juzgado. Una vez más, ese ‘jaleo’ lo pagaremos todos los ciudadanos. La situación es la siguiente: en 2014 para que se pudiera celebrar una feria taurina en un año preelectoral (como éste) se concedió una licencia de apertura fuera de la legalidad. Las consecuencias llegan ocho años después, en otro año preelectoral. Para salvar la imagen, el gobierno apuesta por dar una solución ‘inviable’ para trasladar que si no hay toros no es culpa del Ayuntamiento. Con una plaza de toros fuera de ordenación se da el argumento perfecto al propietario del coso para no organizar una feria a la que tenía pocas ganas porque probablemente no le daban las cuentas. Ahora, esa solución de lavada de cara del Ayuntamiento esperemos que no se vuelva en contra. Si es así, seguirá el culebrón.

Por otra parte, durante las fiestas también nos hemos enterado de que sigue adelante el proyecto de teñir o iluminar el río Duero de rojo con motivo de la Ciudad Europea del Vino. Acaba de salir a licitación. 120.000 euros y con suerte (mucha suerte) podría estar en marcha en diciembre, si no en 2023. Es un despropósito, pero total. Empecinamiento. A estas alturas en las que todos los ciudadanos son conscientes del ridículo de la ejecución del programa que se nos presentó a principios de año. Hago un símil con los pésimos estudiantes, es como si hubieran agotado todas las convocatorias y fueran a suplicar un año de gracia. Tres no han sido suficientes para demostrar que son capaces de organizar algo con tino.