"Las mujeres mayores han asumido y normalizado la violencia y no se perciben, mayoritariamente, como víctimas"

Hablamos de mujeres, de violencia y del mundo rural con Carlos Díaz de Argandoña

16/07/2023 10:30 | Begoña Cisneros

Carlos Díaz de Argandoña es el director de Y-logika junto con Iratxe Herrero Zarate, una consultora en longevidad que se encuentra ubicada en Quintanamanvirgo. Su equipo, acaba de finalizar un estudio sobre la violencia de género y mujeres mayores para el Instituto Vasco de la Mujer y con él queremos sentarnos hoy a hablar de su trabajo.

- ¿Desde cuándo estáis asentados en la Ribera del Duero y qué relación tienes con la zona?

- Llevamos residiendo y trabajando en Quintanamanvirgo desde septiembre de 2022 a dónde nos trasladamos desde la provincia de Álava. Conozco muy bien la zona porque la familia de mi madre es de aquí y yo siempre he pasado mis veranos, semanas santas y puentes aquí, así que estoy como en casa. Siempre hemos tenido claro que queremos vivir y trabajar en un entorno rural, nos genera calma y una muy buena calidad de vida. Por eso, cuando pensamos en trasladarnos a un lugar más céntrico por motivos de trabajo, enseguida nos convenció la posibilidad de hacerlo desde Quintanamanvirgo.

- Demostráis, desde luego, que trabajar en el mundo rural es posible sin necesidad de dedicarse a la agricultura o al turismo….

-Efectivamente, esta cuestión es algo que siempre ponemos en valor. Frecuentemente, cuando se habla de vivir y trabajar en un pueblo, esta idea se asocia con los ámbitos a los que te refieres. Sin embargo, las posibilidades son mucho mayores, sobre todo en negocios como el nuestro en el que únicamente necesitamos un espacio agradable para trabajar y conexión a internet. Esto, sin duda, aumenta las posibilidades para un buen número de profesionales que desean hacerlo desde un entorno rural.  En concreto, trabajamos en el ámbito de la investigación social, consultoría en longevidad y formación desde hace más de 20 años, hemos vivido en diferentes lugares de España y del extranjero y, sin duda, la apuesta por vivir y trabajar en el mundo rural es la consecuencia de todo ese recorrido vital.

- ¿Con qué dificultades os encontráis que no tendríais en una gran ciudad?

- La verdad es que no nos hemos encontrado con ninguna dificultad reseñable; al contrario, todo han sido facilidades desde el principio; empezando por el propio ayuntamiento, con su alcaldesa Lara a la cabeza, a la hora de informarnos y realizar todos los trámites iniciales. Las distancias son mayores, pero, por el contrario, hay mucha menos circulación. Es una ventaja que no siempre se ve porque, a veces, nos fijamos sólo en los kilómetros y no tanto en el tiempo que tardamos en recorrerlo. La cercanía humana a la hora de realizar cualquier gestión es algo muy positivo e importante que también valoramos. Además, el hecho de que en muchos pueblos ya exista la posibilidad de conexión a internet por fibra facilita mucho las cosas. Por el contrario, encontrar espacios de trabajo o vivienda es una de las cuestiones a mejorar.

- Hablemos de mayores. Os dedicáis a hacer proyectos de investigación social, sobre todo enfocados a la longevidad. ¿Por qué es importante contar con ellos?

-Nos dedicamos como equipo a realizar investigaciones sociales, estudios, diagnósticos, planes, etc. Así como formación con cargos políticos, profesionales y, por supuesto, personas mayores, desde hace veinte años a través de y-logika. El 25% de la población está compuesta por personas mayores de 65 años en España, en zonas rurales este porcentaje aumenta aún más, hasta llegar de media a un 40%. Además, en los próximos años, va a seguir aumentando este porcentaje a medida que aumenta la esperanza de vida que actualmente es de 82,2 años en España. Asimismo, Castilla y León es la segunda comunidad autónoma de España más longeva (25,4%), solamente superada por Asturias. Hablamos de longevidad en positivo y no de envejecimiento, porque entendemos que la longevidad es una oportunidad de desarrollo socioeconómico muy importante en el contexto de la economía de la longevidad 6.5. y de la silver economy, especialmente en Castilla y León. Y por todo ello es necesario contar con la participación de las personas mayores, para responder a sus necesidades sentidas mejorando su calidad de vida y reconociendo su decisiva aportación al desarrollo socioeconómico de nuestras ciudades y pueblos. Es necesario realizar procesos de empoderamiento y dinamización, especialmente en zonas rurales, para poner en valor su papel y para situarles en el lugar que les corresponde.

- El último está centrado en la comunidad autónoma de Euskadi y aborda la violencia de género y las mujeres mayores. ¿Los resultados serían extrapolables a la Ribera del Duero teniendo en cuenta otros estudios que habéis realizado?

- Efectivamente, el fenómeno es similar independientemente del territorio. Obviamente cambiarán los recursos disponibles y los datos cuantitativos, pero el fenómeno en sí es perfectamente trasladable. Sería imprescindible poder realizar este tipo de estudios que nos den una fotografía exacta de la situación real acerca de las mujeres mayores víctima de violencia de género, también en Castilla y León. Según datos a nivel estatal que aportamos en el estudio “Violencia de género y mujeres mayores en la Comunidad Autónoma de Euskadi: visibilizando una vulnerabilidad opaca”, se estima que de cada cuatro mujeres mayores de 65 años (23,4%) una ha sufrido violencia de género a lo largo de su vida y un 5,7% la sufren actualmente.

Por tanto, estamos ante la punta del iceberg de un fenómeno social invisible, pero lo que no vemos no quiere decir que no exista, solamente significa que esta opacidad dificulta la adopción de medidas para combatirla por lo que su visibilización es el primer paso para tomar medidas que, basadas en estudios científicos, nos ayuden a ser conscientes de este problema a nivel social y político. Sólo el conocimiento de un problema nos acerca a la solución del mismo.

 

Presentación del último estudio centrado en la mujer y la violencia. / Imagen facilitada

 

- ¿Existe más violencia machista en las parejas mayores o en las jóvenes?

-Los últimos datos nos dicen que está aumentando el número y porcentaje de violencia machista entre las parejas más jóvenes. Sin duda, esto nos debería hacer reflexionar sobre las medidas que se están tomando actualmente en cuanto a su efectividad. También es cierto que ha aumentado la concienciación social, especialmente de las mujeres, y el número de denuncias ha subido en consecuencia. Lo que sucede con las parejas mayores es que esta violencia de género no es denunciada, excepto en un porcentaje muy pequeño; por eso pudiera parecer que la proporción es menor.

- Quizás la violencia machista en mayores es más callada…

-Efectivamente, hay que hablar de la singularidad de las mujeres mayores víctimas de violencia de género. Estas mujeres se han socializado en la “cultura del aguantar” donde los roles de género han sido muy marcados a nivel social, educativo, político y cultural. Esto ha determinado una forma de percibir y de actuar que, sin duda, las diferencias de otras víctimas más jóvenes. Por ello, han asumido y normalizado esta violencia y no se perciben, mayoritariamente, como víctimas. Esta singularidad de las mujeres mayores víctimas de violencia de género se manifiesta también en que son víctimas de muy larga duración, en la mayor parte de los casos desde el mismo momento del noviazgo, por tanto, son historias de violencia de 40 o 50 años que sólo finalizan cuando una de las dos personas fallece. Estas historias de violencia se transforman y cronifican en la vejez, convirtiéndose fundamentalmente en violencia psicológica y de control económico.

Asimismo, estas mujeres tienen una casi total dependencia económica de su pareja maltratadora, lo que dificulta aún más su salida de estas situaciones. También el hogar, para ellas, es un espacio simbólico y emocional, por lo que abandonarlo supone un obstáculo añadido a la dificultad de reiniciar una nueva vida fuera de él. Si a esto añadimos el edadismo social, hace que el contexto sea todavía más difícil.

- ¿De qué manera se pueden detectar los casos?

-Esta es una de las cuestiones más complicadas de este fenómeno. Actualmente, se detectan los casos más graves de violencia de género, fundamentalmente de carácter físico, y/o a través de denuncias. En el caso de las mujeres mayores víctimas de violencia de género, el porcentaje de denuncias es prácticamente inexistente por todo lo apuntado anteriormente y los casos de violencia física extrema son también escasos porque, como he dicho, en estas edades la violencia tiende a ser más sutil. Existen ámbitos donde estas mujeres acuden, en los que sería interesante reflexionar sobre la manera más adecuada de detección de casos: ámbito policial, médico, asistencia domiciliaria, etc. De hecho, los y las propias profesionales son quienes demandan cambios en sus formas de trabajo para ser más proactivos a la hora de detectar casos. Se trata de salir a buscar en vez de esperar a que nos lleguen. En cualquier caso, para todo ello es necesario un trabajo previo de conocimiento del fenómeno en sus diferentes ámbitos; conocer para poder actuar después.

- ¿Hay diferencias sobre el machismo violento que se da en una ciudad a la que sucede en los pueblos rurales?

-Las zonas rurales, efectivamente, tienen unas especificidades que influyen en el fenómeno de violencia de género contra las mujeres mayores. La presión social para mantener la relación, la dificultad para acceder a los recursos mayoritariamente concentrados en zonas urbanas y el aislamiento social y las dificultades de transporte son elementos específicos del medio rural y que, sin duda, pueden incrementar la posibilidad de victimización.

- Eres politólogo, además de agente de igualdad, ¿hacia dónde deberían ir encaminadas las políticas para erradicar la violencia machista y la desigualdad?

- En primer lugar y, como en todos los fenómenos sociales, resulta imprescindible conocerlos en profundidad mediante estudios científicos determinados. La sensibilización social y la formación de profesionales de atención en la singularidad de la violencia de género hacia las mujeres mayores sería un paso importante para combatir este fenómeno. Las políticas públicas deberían de adoptar un enfoque integrador en el que se recojan registros de manera sistemática y consensuada para poder ser analizados estadísticamente.

Resulta imprescindible garantizar que estas mujeres puedan conocer el sistema de recursos existentes garantizando su privacidad y confidencialidad. También es necesario aumentar la detección de casos en base a protocolos de actuación integral y transversal, así como mejorar la atención de las mujeres mayores víctimas de violencia de género para evitar su revictimización. También me gustaría destacar el papel de las asociaciones de mujeres y de personas mayores tanto en la sensibilización como en la detección de casos; sin duda, se trata de una herramienta importante. Y, finalmente, como debería hacerse en todas las políticas públicas, es muy importante el proceso de evaluación. Tenemos que ser capaces de analizar si las medidas que se implementan son efectivas y eficientes de manera que seamos capaces de medir su alcance para, cuando sea necesario, modificarlas para poder cumplir el objetivo de disminuir, cuando no erradicar, la violencia de género hacia las mujeres en general y hacia las mujeres mayores en particular.