"Soy un escritor de vocación tardía con muchas cosas que contar"

Tomás Aranda presenta su libro 'El último viaje de Aisha' este jueves en Todo Libro a las 19 horas

20/09/2023 8:02 | DR

Es ingeniero aeronaútico, pero confiesa que siempre ha tenido inquietud por la literatura. Ese amor por las letras, ha llevado a Tomás Aranda a publicar su primera novela 'El último viaje de Aisha'. Unas páginas que adentran al lector en dos historias muy distintas, que suceden en dos continentes diferentes y en momentos de la historia muy distantes. Uno de sus protagonistas, Félix, sitúa sus raíces en el municipio ribereño de Gumiel de Izán. El escritor presenta su libro este jueves, desde las 19 horas en el espacio Al Contar del Arte de Todo Libro en el Centro Comercial Isilla. Antes de esa fecha tan señalada, desgrana alguno de sus secretos en esta charla con Diario de la Ribera.

--¿Qué le lleva a un ingeniero aeronáutico a dar el paso de introducirse en la literatura...?

--La respuesta más inmediata sería los años y los viajes, con lo que ello conlleva de aprendizaje. Cuando estudiaba la carrera de aeronáuticos, en los años 80, me decidí por la especialidad de aeropuertos. Los de otras especialidades nos llamaban “arenillas”, tal vez con cierto desprecio por no habernos enfocado al purismo del diseño de aeronaves. Cuando terminé, tuve la fortuna de dedicarme desde el primer día a trabajar en aeropuertos. Lo que no podía imaginar cuando llegué a mi primer trabajo es que mi profesión me llevaría a visitar más de 80 países, que tendría que negociar con políticos y gobiernos de medio planeta; que me tocaría pasear a la reina de Tailandia, una de las mujeres más bellas y tristes que haya conocido; o que asistiría al desbordado discurso de un congresista americano empeñado en volar las cataratas del Niagara para conseguir que el lado bonito de las cataratas se vieran desde el lado americano y no desde el canadiense. El camino que mi vida de ingeniero me ha regalado me ha brindado tantas vivencias que me parece un deber compartir el conocimiento que he atesorado. Se me ocurrió durante la pandemia que tenía que escribir un libro con algunas de mis experiencias. Mi primera idea era escribir un ensayo sobre lo que conozco bien, el trasporte aéreo. Le llegué a poner título “A través de la niebla”. Pero quise mejorar la técnica de la escritura y decidí aprovechar el encierro para hacer un Máster en literatura, patrocinado por Grupo Planeta. Y ahí fue cuando todo cambió. Cuando descubrí el maravilloso mundo de la literatura.

--El protagonista de 'El último viaje de Aisha' nace en la localidad ribereña de Gumiel de Izán. ¿Por qué este emplazamiento?

--Tenía que completar el perfil del personaje central de la historia, que cuando lean 'El último viaje de Aisha', pensarán que se pueda parecer a mí, por su lado viajero. Los primeros pasos para escribir una novela consisten en una estructuración absoluta de cada personaje, desde su nacimiento a los detalles de su personalidad. Félix, que así se llama el protagonista, no podía ser extremeño como yo, ni ingeniero aeronáutico. Y ahí se me ocurre hacerlo nacer en Gumiel. Viajo mucho al norte, a Asturias, y en el camino siempre me había llamado la atención Gumiel de Izán. Con frecuencia paro en la Cooperativa para comprar vino. De manera que decidí que Félix nacería allí y su familia, sus padres, también su mujer, tendrían relación con el vino. Además, de Gumiel es un buen amigo, Juan Manuel Gallego, que siempre me habló maravillas de la Ribera.

--¿Tiene alguna especial relación con la Ribera del Duero?

--Creo que lo que más le une a alguien a un territorio, a una zona como la Ribera, son los buenos amigos y recuerdos. Estudié la carrera al tiempo que trabajaba en Renfe para pagarme los estudios. Y allí hice amistad con una chica que era una enamorada del románico. Hicimos decenas de viajes juntos, recorriendo Burgos y Soria. Allí se me grabó en la memoria la belleza austera de la Ribera y aprecié a su gente, seria y trabajadora.

--Dice que la protagonista del libro le 'liberó' de la covid...

--Es una frase que la editorial decidió para la promoción del libro. La historia de Félix, el protagonista, se desarrolla durante los primeros tres meses de la pandemia. Como todos los ciudadanos, tiene que encerrase en su casa, y a partir de ahí construye en su imaginación la historia de una mujer etíope, una esclava en los años treinta, que lucha en busca de su libertad, igual que Félix busca liberarse de sus ataduras. Son dos personajes que persiguen un mismo anhelo. Sin esa historia inventada, sin la esclava etíope, no habría conseguido liberarse.

--En el libro, los protagonistas viven en dos continentes diferentes, en distintos momentos de la historia con un siglo de distancia... ¿Cómo hiló esta narrativa?

--Desde el principio tenía claro que quería escribir un relato con la técnica del contrapunto que consiste en eso precisamente, en hacer que dos historias confluyan en un momento determinado. Al lector, al principio de la novela le puede chocar que de pronto el relato salte a la vida de una chica etíope, que vive en una aldea en el sur del Imperio de Etiopía, en los años 30 del siglo pasado, para luego volver a la vida cotidiana de Félix en su encierro por la pandemia. Poco a poco irá comprendiendo qué les une y de qué manera. Ambas historias son la misma forma de expresar el deseo de liberación de las ataduras. La esclavitud, en su forma más dura, es a lo que se enfrentaba Aisha. Pero existen otras formas de esclavitud, menos groseras, pero igual de frustrantes, en la vida cotidiana, en nuestro propio entorno. Hay una serie de ganchos que entrelazan ambas historias, las fechas, los acontecimientos. Las emociones de ambos personajes fluyen paralelas durante el relato.

--Había hecho sus pinitos con la escritura a través de 'Ciudadano Militante', ensayo político con tintes autobiográficos. ¿Una mala experiencia política?

--No, una enseñanza más. Muchas veces me digo que, en la vida, lo que sucede, conviene… Llegué a Ciudadanos por la insistencia de una buena amiga, una profesional de primer nivel mundial en materia de turismo. Me decía que "necesitan ayuda". Un día de flaqueza di el paso y me afilié. Eran los años de gloria de esa formación política, con expectativas incluso de haber llegado a gobernar. Pero llegó 2019 y cometieron lo que yo llamo “el pecado original”, el no poner a Sánchez en la tesitura de aceptar los 57 votos de Ciudadanos que, con los 123 del PSOE, habría permitido por primera vez en muchos años un Gobierno que no dependiera de los antojos de los nacionalistas. Desde mi modesta posición de afiliado de a pie traté de ayudar. ¿Cómo? Alertando de los errores en la política de pactos que llevarían a Ciudadanos a su actual insignificancia. Y, por ello, me amenazaron de expulsión hasta en tres veces. Me fui, claro. Me pareció que merecía la pena contar esa breve experiencia, apenas nueve meses, pero que refleja bien, creo yo, el mal que aqueja a todos los partidos. El endiosamiento de los líderes, la pérdida de vista de la realidad y de las necesidades reales de los ciudadanos.

--A partir de ahora, piensa seguir escribiendo o quizás ya lo está haciendo... ¿Hacia dónde va la inspiración?

--Sigo escribiendo. Mi deseo, ahora que la vida profesional en el mundo de los aeropuertos tiende a su fin por propia voluntad, es seguir escribiendo. De hecho, tengo en marcha ya la segunda novela, una historia policíaca, con un trasfondo de lucha entre dos familias. Se titulará 'El jardinero infiel'. También estoy estructurando una historia más de Etiopía, un relato centrado en la vida de Mengistu, el dictador que terminó con el último emperador de Etiopía, Haile Selassie. Del trabajo de investigación para 'El último viaje de Aisha', me traje muchas historias que merecen ser contadas.

--Supongo que es complicado encontrar tiempo con una labor profesional tan intensa

--Espero encontrar cada vez más tiempo. Mis planes profesionales tocan a su fin. Desde hace casi diez años trabajo como freelance en el sector de aeropuertos y, aunque me siguen llamando para colaborar en proyectos diversos, ya he conseguido empezar a decir no. Un paso importante. Para escribir es fundamental lo que decía Virginia Woolf, tener una habitación propia. También decía ser rica, que, en su época, para una mujer, era quizás más importante que disponer de su propio espacio. Tener un espacio propio, único, enfocado a sacar lo mejor de la creatividad que uno lleve dentro. Escribir El último viaje de Aisha fue un trabajo duro, más complicado que cualquiera de los proyectos en los que haya participado. Sobre todo, por esa necesidad de compaginar trabajo y creación. Sin los cinco sentidos dedicados a la escritura, es mejor no dedicarse a ello.

--Volvamos a 'El último viaje de Aisha', se presenta este jueves en la librería 'Todo Libro', una invitación para todos aquellos que estén pensando acudir.

--Que se animen a venir. Tendrán la oportunidad de descubrir un país asombroso, Etiopía, su historia y sus gentes. Será un poco como hacer un safari al origen de la civilización desde tierras castellanas. Y, de paso, conocer a un escritor de vocación tardía pero que tiene muchas historias que contar. Nos van a acompañar, además, personas muy relevantes de la Ribera y también amigos de Madrid, todos ellos con historias que merecen ser escuchadas. Vendrá Antonino Martínez Sarandeses, que fue director de Aena en la época en la que se modernizaron los aeropuertos de nuestro país. Fernando Bosque, otro viajero empedernido que ha trabajado en México, en Jamaica y que sabe de economía un rato. También me acompañará Rosa Urbano, un referente en el mundo del diseño. Y varios compañeros de la época de Ciudadanos.

--El protagonista nace en Gumiel de Izán, como guiño marida con un vino de la misma localidad...

--La historia marida bien con el vino de mi amigo Juan Manuel Gallego, Viejas de Izán. Se hace con uvas viejas, igual que la historia de Félix, que deja un poso profundo, que hace pensar en nuestra vida cotidiana. Una buena copa de las Viejas consigue transportarnos inmejorablemente a la vida de Félix en Gumiel de Izán.