
La tensión que existe en la localidad de Fresnillo de las Dueñas va en aumento por los problemas de convivencia que se están dando con una familia que habita una vivienda de okupa, y es ahora la familia cuando ha querido manifestarse públicamente. Saúl Hernández es una de las personas que vive en ese piso junto con su mujer y sus cuatro hijos y con él hemos hablado desde DR, para conocer su versión.
Saúl tiene 28 años y reconoce que está de okupa con su familia en la vivienda desde el pasado mes de mayo, pero asegura que el banco, propietario de ella tras ser embargada en su día, está en contacto con él. La última de las conversaciones, indica, fue el pasado mes de diciembre “y me aseguraron que no me iban a denunciar, sino que iban a intentar arreglarlo para ponerme un pequeño alquiler al mes”, por lo que tiene esperanzas de que esa ocupación se transforme en legal en los próximos meses.
Afirma también que no tiene nada que ver con los robos que se puedan estar produciendo en el pueblo y sobre los que los vecinos dirigen a él la mirada. “No tengo ni siquiera coche, así que difícilmente puedo llevarme chatarra como dicen”, comenta, añadiendo que “no nos enfrentamos a los vecinos”.
Sí que están teniendo problemas con uno de ellos, afirma, con el presidente de la comunidad de vecinos, que “ha llegado a quitarnos la luz”. También a él le acusa de poner el motor en marcha de su coche aparcado junto a la vivienda de los okupas por la noche.

Lo que empezó siendo una convivencia buena ahora es desastrosa, y el joven asegura que no son ellos los que la están provocando, sino que están sufriendo perjuicios como el destrozo de ventanas, pegamento en la cerradura de la puerta. “El carro del bebé lo sacan a la calle, rompen el tendedero, y ha llegado a venir un vecino con una escopeta, tengo miedo, pero no tengo donde ir”, lamenta.
¿Qué le llevo a la familia a ocupar la vivienda de Fresnillo? “La falta de espacio”, indica Saúl, ya que vivían en el piso de sus padres en Aranda de Duero y la situación se estaba volviendo insostenible. “En la calle no puedo tener a mi familia, al menos aquí se duchan, tienen una alimentación adecuada y van a la escuela. La asistenta social ha venido y ha visto cómo vivimos, que mis hijos están atendidos”, comenta el joven, quien termina diciendo que “no quiero ser el malo de la película”.