Cada realidad...

En la semana de Sonorama Ribera nunca falla el debate

06/08/2024 6:00 | SUSANA GUTIÉRREZ

Nunca llueve a gusto de todos. Cada persona somos un mundo, con nuestros gustos, nuestras circunstancias, vivencias y necesidades. Cada año, cuando llega Sonorama sucede lo mismo, dos mundos (o incluso más) totalmente contrapuestos. Por una parte, el que se ve desde fuera de Aranda, otro el que se ve dentro. Y en el seno interno de la localidad, cada vecino, cada empresario, cada hostelero, cada comerciante, piensa de una manera e interioriza su propia realidad. Pasa como en tantas y tantas cosas a lo largo del año, pero en este caso preciso parece que se hace más notorio.

La globalidad frente a la individualidad o cómo es posible llegar a un equilibrio, es algo muy complicado. No existe nada en el universo que pueda contentar a la totalidad de los afectados. Frente a una proyección mediática a nivel nacional que habla de sus bondades o de decenas de festivales copiando a lo largo y ancho de la geografía los conciertos en el centro de las ciudades, aquí supone posicionamientos contrarios notorios, o por lo menos que se hacen notar. Es comprensible, aunque sea cosa de pocos días, por ejemplo, entre aquellos afectados directos, vecinos del casco histórico (algo así como los vecinos del Bernabeu y sus conciertos), pero no se entiende tanto en otras esferas que se unen al carro en una onda detractora que, a veces, tiene unas dimensiones desmedidas. El mayor problema, quizás, es la confrontación que se desata en muchas de las ocasiones y aquellos ataques que dejan entrever que todo aquel que defiende el festival entra gratis, hace negocio o está comprado. El mundo está lleno de gustos y colores, y a algunos les parece que los 145.000 euros que se lleva de subvención Sonorama es muchísimo, mientras que para otros es poquísimo. Se supone que pasará lo mismo con los 190.000 del partido del Real Madrid, los 400.000 euros que va a costar el balonmano este año a las arcas municipales, los 100.000 del Eurofestival, o los casi 100.000 que pide el Hockey. Todo sale de las mismas arcas, las de todos los arandinos. La cosa va por gustos y, muchas veces, por filias y fobias. Es innato al género humano.

Con respecto a las críticas despertadas por algunos comerciantes, también en ese aspecto, no hay unanimidad ni quorum. Se ha hecho viral un vídeo de una propietaria de un establecimiento, situado en una vía de evacuación de los conciertos, donde cuenta (desde la individualidad) que se ve abocada a cerrar durante el festival y que tiene un propuesta de solución que en ningún caso desvela. En los comentarios, otros establecimientos se suman a sus palabras y claman por una solución. Pero la realidad es que existen muchos otros que aluden a que suben las ventas durante esos días. Hace años eran las chaquetas, ahora con el calor son más los sombreros, los abanicos o las prendas de verano. A parte, están aquellos establecimientos, hosteleros o comerciales, que claman porque los conciertos lleguen a sus barrios del extrarradio, para llevarse algo de esa repercusión económica. En cualquier caso, más allá de este tema, no hay que olvidar que el problema del comercio en Aranda va muchos más lejos de los días de conciertos y festivales, y en parte sus objetivos se tendrían que centrar en lucha por unos aparcamientos en condiciones o campañas como los Arandabonos. El año es muy largo y se necesitan incentivos importantes para reflotar un sector muy tocado y que, sin duda, necesita un revulsivo y el apoyo para encontrarlo.

Llegan cinco días de festival donde miles de personas visitarán Aranda, donde se generará más basura, pero también más economía, donde habrá más problemas para transitar por las calles, pero también una mayor proyección. Cada cual tiene su visión, pero sin duda Aranda se sitúa en el foco del mapa nacional. ¡Feliz Sonorama!