Señalados

De barrios y sucesos

20/05/2025 6:00 | SUSANA GUTIÉRREZ

Los últimos sucesos acaecidos en el barrio de Santa Catalina han dado el salto a la información nacional. Sintonizar la televisión y ver en un programa de Telecinco, como narran la situación de una zona desde 150 kilómetros de distancia, basándose en un vídeo colgado en las redes sociales, y varias noticias de peleas y okupas, da una sensación desvirtuada. No digo que no tenga su parte de realidad, pero, desde luego, también ese toque de sensacionalismo que se necesita para que algo que sucede en un populoso barrio de una ciudad de provincias de 35.000 habitantes, pueda irrumpir en una página de sucesos a nivel nacional, con todo lo que pasa en este país.  Sin lugar a dudas, la situación en esa zona de Aranda, después de los últimos acontecimientos, preocupa, y mucho. Es evidente, más aún para aquellos que residimos en esa zona. Es imposible entender cómo no se toman medidas más severas y contundentes sobre los lugares donde reiteradamente suceden esas circunstancias. Es algo que se escapa a toda la lógica, que sigan funcionando cuando esas situaciones se repiten continuamente. Por otra parte, las alarmas se han convertido en un artilugio imprescindible, para todos aquellos que tienen sus pisos vacíos o como segunda vivienda, en la zona más antigua. 

En cualquier caso, más allá de estas situaciones, muchos vecinos sienten que se está marcando un barrio por zonas y situaciones puntuales. Desde luego, la solución está en tomar medidas, incrementar la vigilancia, y también invertir y poner en valor una zona donde viven cientos de personas que quieren seguir haciéndolo de forma segura y sin sentirse señalados. La ARU y sus reformas, se venden como la solución, pero se necesitan muchas más cosas. La irrupción del nombre de Aranda en el ámbito nacional como que esto fuera el Bronx, hace un flaco favor a la imagen de la ciudad. Se pueden hacer un montón de promociones positivas, de eventos, gastronomía o turismo, que se quedan en nada con informaciones de este calado. Ojo. 

Y ya que estamos en Santa Catalina, es un buen momento para hablar de los barrios en general y de la dejadez eterna de mantenimiento a la que están sometidos. Una situación que protagoniza las quejas. No hay nada más que darse una vuelta por las redes sociales para tomar conciencia del hartazgo de los vecinos que en forma de foto, dejan constancia de su situación. Una vez más, se cae en el mismo error de siempre (de los antecesores). El de no poner en valor las pequeñas obras, los sencillos arreglos, aquellos que facilitan el día a día de los vecinos. Asuntos que puede que no copen titulares grandilocuentes, pero, muchas veces, son los que más importan a los ciudadanos, aquellos que se convertirán dentro de dos años en votantes. Es un tema que transversal, que incluye a varias concejalías, y que ni se ha tomado, ni se toma como una prioridad. Obras, Servicios y Barrios deben fijar una hoja de ruta para atajar el estado de las aceras, las arquetas, las fuentes, los baches, y tantas cosas que saltan a la vista. 

Por otra parte, es más que obvio desde hace mucho tiempo, el lamentable estado en el que se encuentran las inmediaciones de los colegios Simón de Colonia y Fuenteminaya. Esta vez, se pone ahí el foco por la decisión de la empresa adjudicataria del transporte escolar. Debido al estado de la zona del antiguo cementerio, aquella que solo se consiguió adecentar de forma transitoria como aparcamiento disuasorio con motivo de la celebración de Las Edades del Hombre. Ahora, la parcela, totalmente en precario y llena de baches, ha provocado que el autobús no pueda acceder hasta el colegio y los niños junto a las monitoras realicen un tramo a pie. La circunstancia es que la parcela es de unos (arzobispado), el transporte escolar de otros (la Junta) y el colegio y los ciudadanos (del Ayuntamiento). La realidad es que se necesita acción, más que mediación, y que esa zona se arregle. Por lo del autobús, pero también porque pueda ser un aparcamiento disuasorio y que no dé el aspecto de una ciudad del tercer mundo. Hay que tomar decisiones.