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El nivel de los plenos está por debajo de subsuelo, para muestra, la última sesión. El mayor problema es que lo que pasa en ese salón, es una reproducción del día a día de la vida municipal, y quienes conforman ese hemiciclo debieran empezar a plantearse la imagen que dan a los ciudadanos. La falta de equidad en la dirección, la escasez de altura en los planteamientos, las medias verdades en forma de explicaciones y el escaso respeto (en muchos momentos) a la institución y a los arandinos son algunos de los ejemplos. Es tan duro, como real. Lo más crudo es aquello de que mal que no mejora… Pues eso.
Llama la atención el escaso nivel político que tienen las sesiones. Por una parte, por los temas que se tratan, porque, sinceramente, con toda la tela que hay que cortar en Aranda, centrar los debates de las mociones en pedir más dinero para los bonos de consumo (estilo subasta) y habilitar un espacio sin humo al lado de un colegio, creo que es tener un poco cortedad de miras. Otro de los aspectos se centra en los problemas que se perciben a la hora de dirigir las sesiones. No se puede utilizar la ley de embudo, lo ancho para mí y lo estrecho para el resto. No hay término medio entre la mano dura, y el esto es jauja, en lo que cada uno se pueda explayar, dependiendo quién y para qué. No está bien negar de esa manera el derecho a realizar ruegos, o la forma de entrar al trapo con avisos (que no se ejecutan) como en las tardes taurinas. Igual de mal están las provocaciones, o la búsqueda de los minutos de gloria.
Quizás, a la hora de afrontar el pleno también pesaban los nervios por algo que viene recogiendo esta crónica desde hace meses. Izquierda Unida volvió a lanzar un órdago. En el tema del reglamento de bomberos, la coalición que forma con Podemos fue la única en abstenerse y afear la falta de participación, entre otras cosas. Luego, el duelo siguió en las facturas que hay que pagar por no tener un contrato de mantenimiento de parques y jardines en condiciones, y la entelequia de empresa municipal. Si tengo que hacer apuesta, la nominación está al caer. O eso, o la debilidad va a acabar pasando factura.
En la sesión plenaria, además, quedó constancia de la falta de transparencia y cierta tendencia a la manipulación en algunas respuestas. La última muestra de que a este Ayuntamiento no le gusta que se cuenten las cosas, la ha hecho pública la Plataforma Ciudadana por la Plaza de Toros. La agrupación ha dicho no a la imposición de un pacto de confidencialidad, aquel con el que aspiran a amordazar a un colectivo que lleva más de dos décadas denunciando las cosas con luz y taquígrafos, en los juzgados y ante la sociedad. Se quieren hacer privados, documentos públicos, y un tema de interés general. Que no nos cuenten cuentos, porque en el texto que se pide firmar queda más que claro (y todos quienes lo hemos leído, lo sabemos). El ansia por prohibir el acceso a la información siembra la duda sobre qué se pretende esconder o qué tipo de trama se quiere ocultar.
Y de comité de expertos a la comisión de investigación. En el tercer encuentro para la dilucidar todos los hechos denunciados por la exconcejala de Personal en su escrito de dimisión, celebrado ayer, el futuro de la investigación ha quedado en el aire. La exedil había presentado, hace meses, una recusación contra tres de sus excompañeros con presencia en la comisión de investigación, entre ellos contra la Presidencia, que ostenta la concejala de Obras. La dimitida viene a decir que no se puede ser a la vez guardián y verdugo. Hubo negativa a un cambio de presidente, y la recusación salió adelante. Solo hubo un voto contrario, el del concejal de Hacienda. Y… ¿ahora qué? Pues nada, como estaba previsto, y, probablemente, diseñado.