
Es una necesidad histórica, uno de los proyectos más demandados. Está más cerca, pero todo apunta a que la ciudad volverá a perder la oportunidad de acometer una infraestructura ambiciosa y optará por el camino más sencillo. El tiempo dirá si es un error o no, pero desde luego demuestra escasa amplitud de miras. Pasan los años, y nuestros políticos parece que no se curan de ese complejo que les impide hacer las cosas a la grande. De ahí, surgen muchos de los problemas que sufrimos ahora, pero la tendencia no se rectifica.
Estoy hablando de la ronda interna o lo que es lo mismo, la vía que conectará Santa Catalina con el barrio de la Estación, Polígono y Allendeduero, sin tener que pasar por el centro urbano. Del anteproyecto se dio cuenta ayer en una comisión de urbanismo, para solicitar, ahora, el estudio de impacto ambiental. El anteproyecto define técnica y económicamente esa infraestructura. Ahí quedan marcados aspectos como el trazado, sus características, y su futuro coste. La cifra económica que se refleja es de algo más de 9,6 millones de euros. Una alta inversión, pero más que necesaria, aunque, como he dicho al principio, con un cierto matiz tercermundista. Se mantiene como una vía de tan solo un carril por sentido en la que se podrá transitar a una velocidad máxima de 60 kilómetros hora, con una zona para peatones y para bicis. Partiendo de la calle Juan de Juni, en las traseras del instituto Sandoval y Rojas, para luego salvar con sendos puentes el río Arandilla y Duero, atravesando por el camino de San Pedro y saliendo a la rotonda de la avenida Luis Mateos en las cercanías del instituto Vela Zanetti. Dónde quedó aquellos de los dos carriles para garantizar la fluidez del tráfico y hacer infraestructuras de futuro, como un enclave próspero del que luego se pretende presumir.
El trazado es una herencia recibida del pasado mandato, pero en estos tres años tampoco se ha tenido la decisión de replantear algo más importante. Podrán escudarse en la herencia, el plan general, o el menor número de expropiaciones y, por lo tanto, trabas; pero que en pleno siglo XXI se vaya a construir una infraestructura con un único carril de circulación por sentido, no parece algo muy moderno. Ni lo parece, ni lo es. Se intenta saldar una deuda histórica pendiente con una especie de quiero y no puedo. En definitiva, será una vía rápida que serpentea en su trazado buscando el menor precio posible a la hora de hacerse con los terrenos por los que tienen que pasar.
El argumento de que para gran vial se hará la circunvalación Este por parte de la Junta de Castilla y León, tampoco vale. Lo primero, porque no es excusa, y lo segundo porque desconocemos si eso será realidad algún día porque ya suma quince años de retraso y subiendo. Además, esa circunvalación propone un itinerario muy largo y que no solventa el día a día de las personas que pretenden desplazarse en coche desde barrios periféricos sin pasar por el centro. Definir aquel trazado tan lejano fue un metedura de pata hace dos décadas, y ahora podemos estar ante otro.
En lo que todos estamos de acuerdo es que la ronda interna es una necesidad urgente. No hay nada más que ver los atascos que se forman en la calle Carrequemada, que han ido en ascenso desde que se decidiera dejar la salida en solo un carril para ampliar la acera, según nos dijeron que para el disfrute de los viandantes. La cosa es que cuando circulamos como conductores para salir del barrio tenemos embotellamiento por esa decisión, y cuando transitamos como peatones la situación tampoco es cómo nos la habían contado, ya que se priorizan otros usos.