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Ahora comienza realmente el curso (en todos los sentidos) en Aranda, y menudo curso nos queda por delante. De esos de comprar palomitas y observarlos estilo película. En cuanto a la categoría del filme, podemos estar ante una mezcla de humor, drama, incluso con toques de psico thriller. Hay elecciones a finales del mes de mayo. Las cuentas salen rápido, ocho meses para que los peones y demás fichas del ajedrez se posicionen en su sitio. Donde habrá triunfadores que conseguirán el lugar que buscan, campañas de captación por la escasez de attrezzo para encontrar 21 caras visibles, más las frustraciones por lo que pudo haber sido y no fue, tras ansiadas aspiraciones que, quizás, no se cumplan. Queda poco para deshojar la margarita y conocer los rostros que lideran cada color, con la poca esperanza para la ilusión, según se palpa en el ciudadano de a pie. La sensación es que aquí se gana más por deméritos del resto, que por los méritos propios. Veremos si hay algo que consigue sorprender o ilusionar al votante.
Y este comienzo de curso llega con claros y nubes. Una buena noticia es que, por fin, una sentencia haya ratificado en su mayoría el Plan General de Ordenación Urbana. Es una batalla, pero no la guerra. Da un soplo de tranquilidad, porque no hay que ponerse de forma retroactiva a cambiar cosas aprobadas, pero, por el contrario, ese documento no está adaptado a la realidad actual porque ya nació obsoleto. Esa parte de la herencia, que llegó tras más de 20 años, y cinco intentos. En este último, se aprobó de forma inicial en 2014, se tuvo que volver a aprobar en esa fase en 2019, se aprobó de forma provisional en 2022 y se ratificó de forma definitiva por la Junta a pocos días de las elecciones municipales de 2023. Vio la luz ya demodé, sin suelo industrial adaptado a las nuevas necesidades y con un montón de aspectos obsoletos. Por lo tanto, una vez ratificado se tendrá que comenzar a trabajar para ponerlo al día, sobre todo en lo que se refiere a ese tema económico e industria para la captación de empresas. La Junta ha prometido, en boca de su presidente, un plan Regional de Industrialización Ahora, desde Obras no podrá haber excusa para hacer los deberes y que Aranda pueda consolidarse como el tercer polo industrial.
Y hablando de obras, a pesar de que el folclore haya dejado de lado la actualidad de los bloques de Santa Catalina. El otoño está aquí y el tiempo apremia más aún. Hay una nueva reunión este jueves y los vecinos piensan llevar artillería después del balance que hacen de la última, que tuvo lugar la semana anterior de fiestas. Claman por una situación tercermundista a las que no se da respuesta. Y a mayores, se quejan por el ninguneo que, a su entender, sufren por parte de los responsables municipales, que en ningún momento empatizan con esta situación. Es más, según cuentan, en el último encuentro se les llegó a decir que se lo podían explicar “más despacito” por si acaso no lo entendían bien. Quizás en la vida, se puede llegar a entender las gestiones desafortunadas en algunos momentos, ya que todos nos equivocamos todos los días, lo que no tiene justificación algunas son las formas y maneras, que por otra parte, no nos extrañan porque las hemos ido observando y contando después de los plenos desde casi principios de año. Que no es lo más idónea meterse como promotores en casas ajenas, es evidente. Que, quizás, es una opción más razonable la de sacar líneas de subvenciones para que los propietarios hagan sus propias obras, desde luego. Eso sí, hay que recordar que ellos no lo han elegido, por lo tanto, aquellos que apostaron por esta política, tendrán que asumirla o solventarla cuanto antes. Y, si se ven incapaces, no es muy difícil saber lo que hay que hacer. Hasta el martes que viene.